Ya lo dijo Perogrullo, lo escrito, escrito queda. Gracias a eso, nadie puede poner en duda que la comunidad judía tuvo una destacada presencia en Tui, de la que existen numerosas evidencias. Basándose en esas huellas sefardíes, el Concello inició hace cuatro años su particular cruzada para que se incluya a la ciudad en la Red de Juderías de España, de la que ahora forman parte un total de 21 localidades. Coincidiendo con dicha petición se sumó a la celebración anual de las Jornadas Europeas de la Cultura Judía.
Un concierto de música sefardí a cargo de Ana Alcaide y Rafael del Teso abrió ayer dichas jornadas, que tendrán continuidad los próximos 3, 4 y 5 de septiembre.
Pienso que para saciar el repentino interés que me ha entrado por la huella sefardí en Tui, mejor que recurrir a Internet es llamar a Rafael Sánchez Bargiela. Y acierto. El segundo de a bordo de Moisés Rodríguez lo sabe todo (o casi) sobre la historia de la ciudad. Alguna vez incluso ha sido determinante su concurso en el descubrimiento de esa historia, pero su modestia le impide siquiera mencionarlo. El caso que nos ocupa es un buen ejemplo.
La casualidad hizo que un día, hace ya casi dos décadas, Rafael se topara en un almacén-trastero de la catedral con unas telas a las que, hasta ese momento, nadie había dado valor. Aquella docena de viejos lienzos resultó ser la más importante colección de sambenitos (los macroescapularios que se les colocaban a los condenados en los procesos de la Inquisición) que existe en España. Algunos dicen que en Europa. Por supuesto, las jornadas inauguradas ayer incluirán una visita guiada a dicha colección, que hoy se guarda como oro en paño en el Museo Diocesano.
Pues eso, que Rafael, aunque no hizo referencia a su hallazgo en nuestra conversación, sí me puso al corriente sobre el paso de los judíos por Tui: «Sensu strictu, no puede hablarse de Judería, ya que este término designaba a las zonas acotadas de las ciudades en las que residían. En Galicia no hubo conflicto, así es que vivían esparcidos por todo el término municipal. Lo que sí hubo fue Aljama, es decir, gobierno autónomo de los judíos de la ciudad, que aplicaba sus propias leyes siempre que no entrasen en conflicto con las competencias del Ayuntamiento o del Obispado».
Me cuenta que no solo está documentada la existencia de la Aljama en Tui, sino que lo está también el cementerio, que se ubicó en el actual barrio da Sarabia; y lo está la sinagoga, enclavada en Oliveira, al pie de la muralla; y lo está la carnicería de Pero Xudeo, en la calle Triparía...
Prueba de que en la construcción de la catedral, allá por el siglo XIII, participaron canteros judíos es el candelabro de siete brazos que aparece tallado en una de las piedras del claustro, «un ejemplo de convivencia con las autoridades episcopales y capitulares, dueñas de la ciudad», dice Bargiela, que añade que lo que sobran en Tui son nombres propios de la comunidad judía: Abraham y Jao, plateros que hicieron cálices y cruces para el cabildo; el mercader León y su yerno Salomón, que hizo una casa, que aún se conserva, en la calle Canicouba; Aaron Amin, que trabajó en muchas obras del cabildo...». Confirmado, Rafael tiene casi todas las respuestas.
Las Jornadas serán también la disculpa perfecta para que Patricia Martínez de Vicente presente su último libro, La clave Embassy, cuyo subtítulo ofrece una idea clara de lo que va la clave: «La increíble historia de un médico español que salvó a miles de perseguidos por el nazismo». Ese médico, Eduardo Martínez Alonso, padre de la autora, nació en Vigo, aunque las circunstancias, le llevaron a residir primero en Inglaterra y más tarde en Madrid. El doctor y diplomático, fallecido en 1972, fue uno de los eslabones en la cadena de las redes de evasión humanitaria supervisadas por el servicio secreto británico de la que, por supuesto, se beneficiaron muchos judíos. Tui era uno de los lugares por los que cruzaban clandestinamente. Y de eso va el libro. Una historia que Patricia descubrió por casualidad.
En 1986, mientras desmantelaba el piso familiar de Madrid, encontró un pequeño y misterioso cuaderno en el que su padre había escrito unas notas en inglés. Antropóloga social, después de una intensa labor de investigación, Patricia descubrió lo que significaba aquel diario olvidado. Las piezas comenzaron a encajar. La clave Embassy es la historia de la doble vida que llevaba aquel espía vigués.