«Después de vivir en Vigo un tiempo descubrí lo que era la morriña»

VIGO

Nacido en Alemania, este ingeniero que dirige el jardín botánico de la Fundación Sales defiende la sanidad pública española. «En mi país el sistema es nefasto», dice

01 feb 2010 . Actualizado a las 11:59 h.

En 1995 Oliver Weiss ni siquiera sabía que existía una ciudad que se llamaba Vigo. A día de hoy este ingeniero agrónomo alemán, nacido a orillas del lago Constanza, no se imagina viviendo en otro lugar. La culpable de todo fue una por entonces joven estudiante de Biología con la que se cruzó en un avión en Madrid camino de Chile. «Pensaba en las 16 horas de vuelo que tenía por delante y me agobiaba la posibilidad de que me tocara un compañero de viaje pesado. Lo que no esperaba era conocer a la mujer con la que terminaría compartiendo la vida», dice.

Aquella mujer era Adela Sánchez, una viguesa que cruzaba el Atlántico para asistir a un congreso. «Las primeras palabras que crucé con ella, más bien que cruzó ella conmigo cuando mi guitarra cayó sobre sus papeles fueron 'si rompes mis pósters te mato'. Era el material que iba a presentar en el congreso. En ese instante surgió el flechazo», explica.

Cuando seis meses más tarde Oliver Weiss regresó a su Constanza natal lo hizo por el camino más largo, esto es, con escala en Vigo. Es fácil de imaginar lo que vino después. Confiesa Oliver que al principio le costó adaptarse. «No había nieve en invierno, el ruido del tráfico me parecía infernal... Total que nos fuimos a Alemania. Una vez allí, la nostalgia empezó a adueñarse de mí. Descubrí lo que era la morriña; echaba de menos la cercanía de la gente, así es que hicimos las maletas de vuelta y hasta hoy», cuenta.

Con todo, lo que determinó que la familia (por entonces ya tenía un hijo) acelerara el regreso fue «la extraordinaria sanidad pública que existe en España. En Alemania el sistema médico es nefasto», asegura.

Antes de encargarse de la dirección botánica del arboreto de la Fundación Sales, trabajó en un sector que le resulta particularmente atractivo, el vitivinícola. Fue la persona a la que Horacio Gómez le pidió que se encargara de dirigir la plantación de sus viñedos. «Aquel trabajo, como el que tengo ahora, fue un regalo para los sentidos. Las laderas sobre el Miño en las que trabajábamos tenían unas vistas espectaculares», recuerda.

Ya le gustaba el mundo del vino desde antes, pero allí terminó gustándole del todo, hasta el punto de que forma parte de algún comité de cata. Por no hablar de la más que surtida bodega que tiene en casa donde, como bien saben los amigos, hay más más referencias que en muchos restaurantes.

El descubrimiento

La incorporación de Ariel Weiss al proyecto de la Fundación Sales se produjo, como sucede tantas veces, por casualidad. «Pasaba con frecuencia por aquí, sobre todo en verano camino de la playa y siempre me decía un día tengo que parar para descubrir qué es eso», relata. Es obvio que lo hizo. Y, como les ocurre a tantos vigueses, confiesa que «resultó todo un descubrimiento. Resulta que detrás del bonsái y el eucalipto rojo que en verano parece una bola de fuego, hay todo un mundo, una vegetación frondosa con algunos ejemplares únicos», afirma.

Precisamente entre esa vegetación se encuentra su rincón favorito, un banco situado bajo un arce japonés -«en primavera y verano, cuajado de hojas, es majestuoso»-, junto al estanque del parque. Desde ese punto, Oliver Weiss va desgranando a la periodista algunas de las joyas que esconde el lugar: Aquel carballo, el árbol más antiguo del jardín, lleva erguido 120 años; ese ginkgo, también centenario, es el segundo más antiguo que hay en Vigo; el camino de la derecha conduce al bambú y las palmeras...

Cuando habla de sus «perlas verdes» sus palabras transmiten entusiasmo. Son tres los retos que se ha fijado: lograr para el enclave el estatus de un jardín botánico, responder a la cada vez mayor demanda de formación y conservar el patrimonio legado por Francisco de Sales. «Estamos catalogando el abundante material que dejó. Hay planos, presupuestos, diseños de jardines...».