El peligro de conducir por calles sin pintar

M. J. F.

VIGO

Si conducir por la ciudad ya resulta de por sí complicado, la situación actual de la mayoría de las calles lo ha convertido en una actividad un tanto peligrosa.

Los conductores no solo se ven obligados a adivinar el número de carriles de los viales por los que discurren, sino que ni siquiera son capaces de vislumbrar su ruta y, cual borrachos, se pasan de un lado a otro como si tal cosa.

Travesía de Vigo, Gran Vía, Colón, García Barbón, Camelias, son solo algunos ejemplos de la multitud de calles en las que apenas se percibe la pintura de la calzada. Una situación que agravada en los últimos meses debido la lluvia. En algunos casos, como en la calle Colón, se han retocado las plazas de aparcamiento en batería y se ha olvidado lo más importante, la separación de carriles.

Otras veces conviven las señalizaciones antiguas con las nuevas y no es extraño encontrarse con flechas enfrentadas que indican diferentes sentidos de circulación. Es lo que sucede en un tramo de la calle Tarragona, en el entorno de Povisa.

Contrato

El contrato de la empresa concesionaria ya terminó hace tiempo, incluida la correspondiente prórroga. Esta situación lleva al gobierno local a pagar a la compañía por cada trabajo y a bajar la guardia en el control de calidad. El resultado, a la vista está, pero la explicación no es fácil.

Entre tanto, los vigueses y demás usuarios conducen a tientas, que en peores plazas han toreado.

Una vez más los políticos se empeñan en hacer nuevos proyectos para engrosar su currículo y se olvidan del mantenimiento.

Así es habitual encontrar el contraste de calles flamantes recién humanizadas junto a otras repletas de baches, por las que se suelta un juramento cada vez que se pasa y se deja medio coche.