Nava Castro da los primeros pasos para reclamar sus dos años como alcaldesa de Ponteareas, pese a su integración en el PP
22 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Quizás haya sido casualidad o todo un símbolo de que la manera de hacer política en O Condado hunde sus raíces en lo más profundo de la historia de esa tierra. Mientras ecologistas y arqueólogos clamaban esta semana contra el talado incontrolado de árboles en el poblado castreño de Troña y los desperfectos que dicha acción habían generado en el vestigio de la parroquia de Pías, el castrismo, o castreñismo, ponteareano removía en Madrid las piedras de su propia esencia.
«Olvídate de qué dicen de ti, pero nunca te olvides de quién lo dice». Esa, que es la primera lección de quienes quieren hacer de la política su forma de ser, su modo de vida y perpetuar en sus siguientes generaciones esa habilidad para seguir siendo primus inter pares de su comunidad, ha vuelto a ser puesta en práctica esta semana por el exponente más visible del clan de los Castro.
Nava Castro, ex regidora, ex parlamentaria autonómica, teniente de alcalde y diputada del PP en Madrid, acaba de pedir a los servicios jurídicos del Congreso que por escrito certifiquen la compatibilidad de ocupar un escaño en la Cámara Baja y ser al mismo tiempo alcaldesa. La simple petición ha removido los cimientos del PP pontevedrés, que creía haber resuelto de por vida las sacudidas que la política castreña produce cíclicamente desde hace décadas en las tierras del Tea.
Rafael Louzán, presidente de los populares de la provincia, creyó que cuando en enero pasado lograba que la Unión do Condado Paradanta de Pepe Castro se autodisolviera para volver al redil del PP, además de recomponer el centro derecha ponteareano también le había quitado a los Castro la obsesión por la alcaldía que el patriarca hizo suya en los años sesenta.
Louzán dio por hecho que un puesto en Madrid para Nava equivalía a eliminar la cláusula que obliga al cabeza de cartel de su partido en la villa, Salvador González Solla, a ceder el puesto de alcalde a la hija de Castro cuando llegue el ecuador del actual mandato. Sobre dicho pacto se fraguó el acuerdo de gobierno que cerró el paso a un bipartito BNG-PSOE. Pero la verdad es que en el acuerdo de integración de los Castro en el PP no quedó nada claro lo del relevo. Con un «a partir de ahora los concejales de UCPA quedan a disposición del Partido Popular», Louzán daba por bueno el acuerdo y con ello por hecho que hasta el 2011 no habría que volver a hablar de la candidatura de su formación en Ponteareas. Pero va a ser que no.
Al pedir el citado certificado en el Congreso, Nava deja claro que quiere ser alcaldesa en junio del 2009, tal y como pactó con Solla. Nava deja claro también que al entrar en el PP de nuevo, pudo llegar a olvidar hasta lo que algunos de sus antiguos compañeros de partido dijeron de ella y su padre, cuando hasta Fraga les llamó «traidores» y «desleales». Pero la teniente de alcalde y su progenitor no olvidan quien se lo llamó. Por eso Nava Castro se aferra a lo escrito y pactado: dos años de alcaldía para cada uno de los dos líderes locales del centro derecha ponteareana porque, como se encargará de recordar a buen seguro, lo de renunciar a esa cláusula no figuraba en el acuerdo por el que Louzán la integraba en la lista del PP a las pasadas elecciones generales, aunque el presidente lo intentó.
Por cierto, esa inclusión, cerrando el paso a otros dirigentes con más pedigree, sentó mal en algunos sectores y territorios del PP pontevedrés, que manifestaron su desconfianza respecto a la integración de UCPA y recordaron cuando se le hizo un sitio a la propia Nava Castro en el Parlamento gallego, que al final abandonó para constituir con su padre la UCPA.
¿Y qué hará ahora Louzán? ¿Cumplirá el PP ponteareano su pacto con Nava Castro y le dará la alcaldía? Y a Solla ¿Se le premiará, por ejemplo, con un puesto en las próximas elecciones autonómicas? Los designios de la política castreña son imprevisibles, aunque su objetivo siempre será la alcaldía.