Hoy se cumple la fecha de la orden de derribo de la casa de Manuel y Charo
01 oct 2007 . Actualizado a las 13:17 h.Con el alma en vilo y la sonrisa en la cara. Manuel y Charo no pierden el brillo en los ojos, pero en ocasiones a ella le tiembla la voz recordando la pesadilla que viven desde hace siete años. Fue entonces cuando los pleitos y las denuncias empezaron. Un calvario que ha finalizado con una orden de derribo que hoy cumple su fecha sobre su casa en Sampaio.
Su pequeña vivienda unifamiliar fue denunciada por una vecina después de que la familia la restaurase. Varios contenciosos después y pese a tener todos los permisos municipales, ya solo queda que la presión vecinal que estos días ha inundado las calles haga efecto e impida hoy que se ejecute la sentencia.
Esa esperanza a la que se aferraban ayer es también un arma de doble filo. «Si no es mañana, por los vecinos, volverán otro día y otro. Cada vez será más difícil pararlo», comenta Manuel Dasilva.
El temor a ese desgaste y la desconfianza por lo rápido que ha sido el proceso es el que por momentos los hace decaer. Para recuperar las fuerzas, además de a su hija Ainoa, tienen el apoyo de un vecindario que se ha volcado desde el principio con ellos. «Estamos muy agradecidos, es increíble la emoción que sientes cuando gente que no conoces te apoya y sale a la calle por ti. Si no fuera por ellos ya nos habríamos venido abajo», recuerda Charo Amorín.
Apoyo vecinal
El apoyo de los vecinos y su trascendencia les ha hecho también protagonistas de titulares y portadas en las últimas semanas. Una situación a la que nunca imaginaron que llegarían.
Ahora les reconocen por la calle o en su trabajo y los vecinos de toda la zona los visitan para saber más de su situación e intentar entender un poco más cuál es el delito por el que esta familia pagará todos los desfalcos urbanístico de la ciudad.
Acordándose de todos ellos y sus situación actual, a la familia le cuesta todavía más entender que su vivienda vaya a ser demolida. «Los aparta hoteles de Samil, las torres de García Barbón... no entiendo por qué ellos no y nosotros sí», reclama con amargura Manuel Dasilva.
Esa misma opinión esgrimen unos vecinos que los visitan y observan con incredulidad la casa de la vecina que presentó la denuncia. «Pero si no le molesta, ni tapa vistas ni nada», comentan sorprendidos e incrédulos por la situación.