Treinta años del «Chernóbil» estadounidense

Victoria Toro

SOCIEDAD

El 28 de marzo de 1979 se fundió el reactor atómico de la planta de Harrisburg o

28 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El 28 de marzo de 1979, hace hoy treinta años, ocurría el primer accidente nuclear considerado muy grave. A las cuatro de la madrugada se produjo una pequeña fuga en el generador de vapor de la central de Three Mile Island, en Harrisburg (Pensilvania, EE.?UU.). Durante tres días se sucedieron una serie de torpes intentos de solución que convirtieron un pequeño fallo en el suceso más grave que puede ocurrir en una central atómica: se fundió el reactor.

En la escala de la Organización Atómica Internacional (OIA) el de Harrisburg está en la categoría 5, que contempla los accidentes con riesgo fuera del emplazamiento. El de Chernóbil está en la categoría más alta, la 7, la de los accidentes graves.

La central de Harrisburg tenía dos reactores. El accidente ocurrió en el 2. Los fallos de varias válvulas y la falta de preparación de los operarios consiguieron que el calor y el vapor aumentaran dentro del circuito. La vasija del reactor se rompió y parte del líquido refrigerante, que es radiactivo, comenzó a salir del edificio de contención.

Para que un reactor nuclear funcione correctamente es imprescindible enfriarlo. Durante un tiempo se pensó que si no se controlaba la temperatura del reactor y este llegaba a fundirse se produciría lo que se conoce como síndrome de China. Algunos expertos en energía atómica habían opinado que, si eso ocurría, la energía producida taladraría la tierra justo debajo del reactor y haría un agujero que llegaría hasta las antípodas. El accidente de Three Mile Island demostró que eso no sucedía.

La inoperancia de los técnicos que manejaron la situación en Harrisburg consiguió que nueve horas después del primer escape se produjera una explosión de hidrógeno en el interior del reactor que a los operarios les pasó inadvertida. Dieciséis horas después, algunas bombas comenzaron a funcionar y bajaron la temperatura del reactor. Para entonces, una parte del núcleo del reactor se había fundido, lo que lo convertía en un objeto inútil pero peligrosísimo. Ante el temor a que se produjera una explosión se decidió, durante los días 29 y 30 de marzo, ir dejando salir parte del gas radiactivo a la atmósfera.

La única medida que se tomó fue la de evacuar a las mujeres embarazadas y a los niños en un radio de catorce kilómetros. Los numerosísimos estudios sobre la salud de las personas que vivían en el entorno de la central no han detectado un aumento de sus enfermedades por esa causa. En cuanto a la limpieza y descontaminación, se tardó 12 años en realizarla y costó 973 millones de dólares. El reactor 1, que no sufrió ningún percance durante el accidente, recuperó la actividad en 1985. Tiene licencia para operar hasta el 2014, pero los propietarios han pedido recientemente que se alargue hasta el 2034.