Un nido de ratas y okupas, fuente de inspiración gráfica

La Voz SANTIAGO/LA VOZ.

SANTIAGO

Fuco Reyes retrata el interior del hospital viejo once años después de su clausura

21 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Fuco Reyes todavía recuerda la «sensación opresiva» que le invadió al traspasar el umbral del antiguo hospital Xeral de Galicia tras once años de abandono. «'Desacougo' es lo único que se me ocurre para explicar lo que transmiten esas paredes». Sus palabras son fruto de la experiencia y de las horas pasadas en su interior. La exposición Larga lista de espera es el legado del fotógrafo santiagués, una retrospectiva gráfica de los ya lejanos vestigios del añejo edificio. La muestra se halla instalada en la sala de exposiciones de la Facultade de Ciencias de Comunicación y quienes la han visitado coinciden en que tal «desacougo» clama en blanco y negro tras el cristal.

Fuco, como cualquier compostelano, había pasado muchas noches en el hospital viejo de Galeras. «Te vienen a la cabeza escenas y personas. Los pasillos llenos de gente, el trajín, los familiares y amigos a los que acompañas, le han dado un significado emocional y simbólico». La inquietud, condena y salvación de los artistas, hizo el resto. «Fue la curiosidad. Pasaba día sí y día también por delante y sabía que tenía que haber, por fuerza, algo interesante, imágenes únicas. Así que pedí los permisos».

Reyes visitó el inmueble en tres ocasiones: diciembre del 2009 y enero y septiembre del vigente año. «Cuando salí de allí en la primera tanda juré que no volvería, pero al ver las fotografías tuve que rendirme a la evidencia de lo importante que era lo que se había reflejado». Porque no fue sencillo trabajar. La decrepitud unida a la memoria etérea que impregna cada rincón del hospital provocaban al autor de Larga lista de espera una fuerte opresión. «No me explico de dónde saqué esa capacidad de autocontrol. Era muy difícil concentrarse y me mantenía en estado de alerta constante».

Además, Fuco reconoce y asume que fue una «temeridad» meterse allí dentro. Junto a los rumores de que los okupas han tomado la zona, los vecinos de Galeras hablan de gatos, ratas y cucarachas que salen del edificio hacia la calle, y él da su versión. «Vi gatos, y muchos. Pero lo peor no es lo que se ve, es lo que no se ve. Las sombras y los ruidos sugestionan demasiado, parece que estás rodeado en todo momento y no sabes de qué». Desde luego, no recomienda a ningún aventurero pensar tan solo en la idea de acercarse a la construcción. Entre otras cosas, porque no deja de ser un hospital. «Procuraba no tocar nada y desinfectarme cada vez que salía. No te das cuenta, pero en determinadas habitaciones estás pisando el suelo de un depósito de material radiactivo».

Y todo lo que queda del hospital viejo es eso, la insistencia de que se termine ya su eterna agonía y de que la histórica edificación recupere la dignidad perdida. Fuco Reyes lo dice con imágenes, las de quien ha conocido el antes y el después, pero también lo dice con palabras. «Ese hospital es como un reo de eutanasia».