Diez segundos para cruzar con el semáforo en verde

María Lorenzo

SANTIAGO

La calle Figueiras es una de esas pequeñas arterias saturadas de tráfico que va a desembocar a la calle principal de Milladoiro. El problema es que en Figueiras, esto se ve acrecentado por la fugacidad con la que el semáforo que da la salida a los coches a la calle principal cambia de verde a rojo y viceversa. En un abrir y cerrar de ojos, antes de que muchos se den cuenta, el semáforo vuelve a cerrar el paso, prohibiendo la salida a los conductores que, desesperados, se limitan a callar y aguardar a que en la próxima apertura puedan pasar únicamente tres coches más.

Daniel Vieites comenta que «este es el peor problema de la calle» y que «durante los aproximadamente diez segundos que permanece abierto, los coches salen a bastante velocidad, para no quedarse embarrancados en la cola otra vez». Además, esto se magnifica porque con el colapso provocado por los vehículos estacionados en doble fila, el atasco es incluso mayor. Negama Picos coincide con esta opinión y remarca su incomodidad con la situación, añadiendo que «aún por encima el paso de peatones no está pintado como es debido y el tiempo que se nos da a los que vamos andando para cruzar, es mínimo».

Por otro lado, Negama fija también la atención en el peligro que supone una empinada cuesta que se levanta al inicio de la calle. «Cuando llueve se patina, y cuando hay helada ni te cuento. No es la primera vez que alguien se pega un resbalón». Alejo Alonso prefiere fijarse en el embaldosado de la calle. Un batiburrillo mixto de aceras de todo tipo asfalta la rúa Figueiras. Empieza siendo un embaldosado blanco, para pasar al cemento y de nuevo a las rectangulares baldosas blancas. Cualquiera diría que se ha pasado por tres calles diferentes en un mismo recorrido. «Además de la fealdad y de que parece que todo fue hecho a base de remiendos, algunas también están levantadas», comenta Alejo Alonso.

Por último, tanto María Josefa Castro como Negama Picos, coinciden al hacer referencia a la estrechez de las entradas a los garajes que, con el problema de la doble fila, hacen aún más complicada la salida de vehículos de su interior. Salir a la calle principal por la rúa Figueiras es a veces todo un reto.