La exposición dedica una sección a los fotomontajes y a los retoques. Los pioneros de la fotografía gallega eran capaces, con métodos artesanales, de introducir a algún pariente fallecido en una foto de grupo. En algunas ocasiones, el fotógrafo hace posar en medio del grupo a un ayudante para luego cambiarle la cabeza por la del familiar fallecido. En casos de retratos de difuntos, el fotógrafo era capaz de abrirle los ojos para que la familia tuviera una última imagen con un aspecto más amable. Para el caso de los matrimonios separados por la emigración, los fotógrafos ofrecían la posibilidad de aunar dos fotografías en un mismo retrato.
Los rostros y las siluetas también eran susceptibles de ser modificadas al gusto del retratado. Para realizarlo, los fotógrafos usaban lápices sobre las placas, previamente impregnadas de vaselina. Para la reducción de cinturas, empleaban tinta roja que, al ser el papel insensible a este color, hacía desaparecer las partes sobrantes de forma milagrosa.
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