María Belón: «Mis hijos repetirían el tsunami»

La superviviente del tsunami que azotó el sudeste asiático recuerda la historia que inspiró la película Lo imposible

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La historia de María Belón y su familia fue llevada a la gran pantalla y se convirtió en la película más taquillera del cine español. gustavo rivas

La Navidad del 2004 la familia española Álvarez Belón disfrutaba de sus vacaciones en la isla tailandesa de Phuket y, a pesar de haber estado en el epicentro de la tragedia, los cinco sobrevivieron. Nueve años después, María Belón (Madrid, 1966) todavía se emociona al recordar lo sucedido, una historia que recientemente fue llevada al cine por J. A .Bayona en Lo imposible, y que hoy contará a los cerca de 1.500 jóvenes que participarán en el congreso Lo que de verdad importa, que se celebra en Palexco.

-El lema del congreso cobra un especial significado después de una experiencia como la que sufrió su familia.

-Para mí es un honor que no lo puedo creer, me emociono, es un congreso al que yo había ido el año pasado como oyente y yo escuchaba, aprendía y me empapaba, y cuando me llamaron para que participara, no me lo creía. Me llena de orgullo que los jóvenes saquen parte de su tiempo para escuchar un pequeñita historia de vida.

-Es obvio, ¿pero en qué les cambió la vida?

-En que ves claro lo que de verdad importa, aunque no quiere decir que siempre te acuerdes. Mis hijos eran valentorros y ahora son unos valientes. Quique ama mucho, pero ahora ama a manos tendidas. Luchaban contra el miedo pero ahora son mis maestros, les gustaba vivir, pero ahora se comen la vida. Una vez les dije: "Si pudierais repetir solo una experiencia de esta vida, solo una, el resto va a ser distinto, ¿qué escogeríais?". Todos contestaron que el tsunami.

-Escribió junto con Bayona el guion de «Lo imposible», que le valió el Goya al mejor director. ¿Se ve escribiendo más historias?

-Hace ocho años que no programo nada en mi vida, el futuro para mí no existe, es una invención, igual me muero esta tarde. Solo pienso en ahora, hoy estoy encantada con las conferencias, mañana ya veremos.

-La película está basada en hechos reales, ¿pero hay escenas que se han omitido?

-Muchísimas. De hecho la película original tiene 2 horas y 50 minutos. El guion era todo verdad, pero aún así decían «esto vamos a quitarlo porque parece muy peliculero, se nota que es mentira». Pero la realidad supera la ficción, por ejemplo cuando yo estoy con la chica que vomita, está en un shock brutal, yo tardé dos horas en lograr que respondiera, y le pregunté mil veces su nombre. Cuando lo consigue me dice Simone, y yo me quebré y le dije "no te puedo llamar Simone porque mi hijo pequeño se llamaba Simón".

-¿En algún momento pensó que no se volverían a juntar los cinco?

-Todo el tiempo. Ni un segundo se me pasó por la cabeza que Tomás, Simón y Quique estaban vivos. Si tenía la tentación de pensarlo, me la quitaba.

-Tu hijo mayor Lucas demostró una valentía enorme. ¿Se fue de viaje siendo un niño y volvió convertido en un hombre?

-Los tres han sido educados muy duros, de ser valientes y no quejarse, pero uff... fue impresionante. De hecho, yo no nunca pensé en decirle que ayudase pero lo hice porque yo tenía enfrente a una turista a la que no le pasó nada, debía estar en un piso alto, y su novio solo tenía el tobillo roto. Había tanta necesidad en esa sala que les dije por favor que ayudasen, y me gritó de tal manera, que yo le dije "Lucas, tienes que ir a ayudar, eres mucho mayor que esa mujer, mucho más hombre". Esta escena también se sacó de la película porque era muy violenta la escena.

-La decisión de su marido de dejar a los niños para ir a buscarles a usted a y Lucas también fue muy dura...

-Es que en ese momento no hay decisiones ni correctas ni incorrectas, haces lo que puedes y lo que crees que es mejor. Yo no tengo ni idea lo que hubiera hecho, yo creo que hizo muy bien porque cuando tienes dos muertos creo que los tienes que ir a buscar. Él tenía nueve costillas rotas y no sé ni cómo pudo caminar. Lo que ellos hicieron es brutal, da para otras dos películas.

-¿Cumplió la promesa de tirar al mar el Goya?

-Mis hijos que estudian fuera de España me han dicho que espere y se lo he prometido, pero lo tiraré. ¡Cómo no lo voy a hacer, si en mi salón hay algo que no es mío!. Fue un detalle precioso de Bayona, la estatua es preciosa, pero no es mía y va ir a donde tiene que estar.

-¿Han vuelto a pisar la playa?

-Claro, éramos amantes del mar y lo seguimos siendo. La primera vez que la pisamos fue un año después. Tailandia nos invitó a todas las víctimas a hacer un ritual, yo todavía no podía viajar, estaba muy convaleciente, y dijimos «o todos o ninguno». Así que a esa hora nosotros, que vivíamos en Madrid, nos fuimos a un lugar de mar en España e hicimos el mismo ritual a la vez. Consistía en hacer dos figuras de barro, una con la mano derecha y otra con la izquierda, intentando plasmar eso que la experiencia nos dio. Una se la regalamos al mar y la otra nos la quedamos como recuerdo, y cuando nos ponemos tontos abrimos la caja.

-Después de una experiencia tan traumática cómo la que vivieron, ¿son conscientes de que hay quien pueda pensar que pasear de alfombra en alfombra roja pueda resultar algo frívolo?

-Lo que piense la gente me da igual. Es que me soplan las buenas críticas, las malas.. Hay gente que cree que hemos pensado un montón de dinero, y yo digo «si eso te va bien para tu vida pues tú mismo, síguelo pensando», porque yo sé mi vida, mi historia. A mí lo que sí mi importa mucho es cada vez que me escribe gente que estuvo allí o gente que ha pasado por otros tsunamis y me cuentan sus experiencias. Esto es lo que de verdad me importa, decir cuánto bien ha hecho esto, la alfombra roja es un circo, un parque de atracciones, y si te invitan pues vas y punto.