El mayor, de 17 años y con solo 32 kilos de peso, fue encontrado por un vecino rebuscando en los cubos de basura
El fiscal define al padre como «un iluminado» y se queda sin palabras para describir el horror al que ha sometido a sus ocho hijos. Desnutridos y maltratados en nombre de la «purificación», tres han sido hospitalizados ante la gravedad de su estado. Ocurrió en la localidad francesa de Banyuls, muy cerca de Perpiñán.
El hombre, de origen marroquí e integrista musulmán, ha pasado a disposición judicial junto a su esposa, una eslava reconvertida al islam que comparte las creencias de su marido, «que se asemejan a las de una secta». Los niños, de entre 7 y 17 años, llevaban una vida «surrealista», según los agentes que entraron en el domicilio. Los avisó un vecino al encontrarse con uno de los chicos en unas circunstancias muy poco normales.
El adolescente de 17 años revolvía en un cubo de basura en busca de comida «temblando, con rastros de sangre en la cara, descalzo, con pústulas?» Un metro sesenta y cinco de estatura y solo 32 kilos de peso. Explicó que su madre lo había golpeado con un bastón y un tarro de cristal por haberle robado un puñado de azúcar.
Parada para comer
El piso del bloque de viviendas sociales donde habitaba la familia era espartano, a pesar de los 1.400 euros que percibían mensualmente en subsidios sociales. No había alimentos en la despensa y la nevera estaba casi vacía. La cocina y el salón estaban cerrados con llave y en los dormitorios no había camas, sino simples mantas que utilizaban como colchones. Los gendarmes descubrieron allí al otro chico y las seis chicas, todos «delgados como cerillas». Antes de llevarlos a un centro de acogida, se detuvieron en un local de comida rápida para darles algo de comer.
Vendedor ambulante de quesos ecológicos, el padre explicó en comisaría que tenía que «reeducar» a sus hijos, porque en ellos «habitaba la mentira». Su extrema delgadez suponía «un buen signo» que significaba que la había «extirpado». Los castigos corporales eran sistemáticos cuando las reglas dictadas por el cabeza de familia no eran respetadas. Ante los funcionarios, los niños describieron una rutina diaria marcada por las abluciones y los rezos.
Purificación
El fiscal asegura que «el padre explica la ausencia de provisiones porque había descubierto las virtudes de la alimentación ecológica, que contribuía a la purificación». Dos de sus hijas de 15 y 13 años no pesan más que 22 kilos.
La familia ya había dado que hablar hace seis años, cuando las dos hijas mayores dejaron de ir al instituto al prohibirse el velo islámico y sus padres decidieron que continuaran su formación en el propio domicilio. No mantenían contacto alguno con los vecinos y solo los tres menores acudían de vez en cuando a la escuela para robar sistemáticamente la merienda de sus compañeros. Los informes de la inspección académica registran «relaciones conflictivas entre la madre y el equipo educativo».
El fiscal los acusa de privación de alimentos y cuidados con riesgo para la vida de los menores, incumplimiento de sus obligaciones legales y violencia habitual. Los niños deberán pasar ahora exámenes físicos y psicológicos para determinar la amplitud de los daños que les ha causado esta vida. Sus padres pueden pasar hasta siete años en prisión.
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