Cinco noches a la semana una sola enfermera atiende dos áreas con capacidad para 27 niños. La falta de espacio y de personal son ya el eterno problema del Xeral
26 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Dan las ocho y entra el primer turno. Toca analítica diaria a los ingresados de la uci y baño y pesado para todos los pequeños. Por el servicio de neonatología del Hospital Xeral entran cinco enfermeras, pero en realidad deberían ser por lo menos ocho. El equipo de mañana no protesta, durante cinco noches a la semana aún hay menos personal. En el caso de los bebés de la sección intermedia y de básicos -los que están fuera de peligro- una sola persona reparte su tiempo con hasta 27 cunas. La división asusta: siete minutos por prematuro.
Cuando ya han sido cambiadas las cunas y los pequeños están limpios, vuelven a las incubadoras. Apenas dan las nueve cuando toca la primera toma. Además de la comida, los casos más graves requieren una revisión y control de constantes. El personal está atento a la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la frecuencia respiratoria, la saturación en oxígeno y la temperatura. Una lista infinita que se multiplica por la capacidad de la uci, de ocho bebés. La palabra delicadeza se queda corta para medir el trato con estos recién nacidos. Los minutos de las estadísticas se rompen con todos, la capacidad de succión es tan escasa que hay que trabajar con máximo cuidado para que no vomiten o se queden dormidos por el esfuerzo.
En sesenta minutos toca acompañar al médico en su visita por la zona para revisar los fármacos que se dispensan por sonda y las medidas de la alimentación. Anotaciones, cambios de pautas y una pizca de papeleo están incluidos en el menú de las enfermeras, aunque ni se mencione. El tiempo vuela cuando hay lágrimas detrás de cada caja de cristal. Tanto, que enseguida el reloj vuelve a marcar las doce y comienza la rutina de las tres horas. Controles para los graves, alimentación, cambio postural...
Programa canguro
El pequeño paréntesis, no de volumen de trabajo sino de compañía, llega cuando el mediodía roza la torre del Xeral. Los padres llegan de visita. Media hora de carantoñas y suspiros que saben a poco mientras el personal atiende preguntas y reparte consejos y trucos entre los más inexpertos. Antes de que llegue el cambio de turno de las 15 horas aún hay que revisar los paneles de los que están monitorizados y otros detalles.
Las que entran no tienen tiempo tampoco para aburrirse. Cambios de las nutriciones parenterales y más controles y biberones antes de que regresen los padres a la visita de las 16.30. Para muchas de las parturientas es el momento también de comienzo del método canguro. La medida potencia durante dos horas el contacto entre madre e hijo permitiendo que estos estén pegados, piel contra piel.
Los minutos pasan por docenas cuando se marchan, las medicaciones, llantos y alimentación continúan sin descanso hasta el nuevo cambio de turno, a las 22 horas. Cogen el relevo de este caos organizado solo dos enfermeras -tres en las noches de los martes y los jueves-. Y ya se imaginan la jornada. Todo esto, por supuesto, sin incluir que durante el día el hospital que acoge un mayor número de nacimientos de Galicia no tenga urgencias, como un parto múltiple o una cesárea. Todos los bebés nacidos por este método pasan sus primeras horas de vida bajo los cuidados del saturado servicio de neonatología del Hospital Xeral, donde pestañean por primera vez 4.400 niños cada año.