El nuevo modelo de financiación autonómica se cocinará con extrañas alianzas políticas. Cataluña y Baleares, gobernadas por el PSOE, se han situado al frente de los territorios más ricos, con los feudos populares de Madrid y Valencia como curiosos compañeros de viaje. Enfrente, la Xunta aspira a liderar a las comunidades con menor capacidad de recaudación, algunas gobernadas por el PP. Pero el conselleiro de Economía, José Ramón Fernández Antonio, deberá superar antes el filtro de sus propios socios de gobierno. Ayer, el portavoz del BNG en el Parlamento, Carlos Aymerich, dibujó el esquema que los nacionalistas gallegos quieren trasladar a la mesa de negociación. De partida, su propuesta es discrepante.
«Queremos contribuír a crear unha posición de país -señaló- e pensamos que a fronte das comunidades pobres é problemática ou pouco ambiciosa politicamente. Esa postura "esmolante" ten pouco futuro. Pola súa nacionalidade histórica, Galicia non pode xogarse todo ao apoio destas comunidades».
El BNG coincide con el PSOE en la necesidad de introducir cambios para el cálculo de las necesidades de gasto de las autonomías. Actualmente la población pesa un 75%, el envejecimiento se pondera con otro 24%, y tanto la insularidad como la dispersión cuentan un 0,5%, respectivamente. Nacionalistas y socialistas creen que el nuevo modelo deberá valorar más la dispersión o el envejecimiento, e introducir criterios nuevos como los kilómetros de costa (que encarecen el saneamiento) o la orografía (condicionante de las infraestructuras).
Discrepancias
Hasta ahí el acuerdo. Pero los socios gallegos ven de distinto modo el reparto de fondos. Al PSOE le vale un modelo que aumente hasta el entorno del 50 o 55% la participación de las comunidades en los grandes tributos (incrementando así los actuales tramos del 33% para el IRPF, el 35% del IVA, o el 40% de impuestos especiales). Y prefiere trabajar las diferencias en los modelos de equilibrio financiero (fondos de suficiencia, compensación interterritorial o la bolsa de la Seguridad Social).
Aymerich desveló ayer que el BNG pedirá una autosuficiencia financiera ligada a la cesión de tributos. El BNG quiere una agencia tributaria gallega. Y exige que a cada comunidad se le ceda el porcentaje de recaudación necesario para ello. De este modo, a Cataluña podría bastarle un 50% de participación en el IVA o el IRPF, mientras que, según sus cálculos, a Galicia le haría falta controlar el 85% de ambos tributos y otro tanto de los impuestos especiales. Además, cuestionan que el impuesto de sociedades sea controlado íntegramente desde el Estado y apuestan por el modelo alemán, con un tramo gestionado desde los Länder . El BNG aguarda a que se abra un debate parlamentario para «enfrentar posturas e chegar á negociación cunha posición de consenso». Pero el camino parece pedregoso.