Santa Marta y la derrota del dragón marino

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro FERROL |

FERROL

Sostiene la leyenda, y no seremos nosotros quienes pongamos en duda que tal afirmación sea cierta, que Ortigueira consiguió librarse del acoso de un monstruo nacido de las aguas tras pedirle ayuda al Cielo

02 jun 2010 . Actualizado a las 21:15 h.

El monstruo aquel, el que les hacía pasar las de Caín a los orteganos, venía siendo, por lo visto, un dragón marino, que aprovechando sus cualidades anfibias salía cada dos por tres a tierra firme a causar estropicios y a amargarles la vida a los que ya estaban cada día más hartos de soportar sus mamarrachadas y sus estupideces. Pero entonces, a alguien se le ocurrió solicitar, a través de Santa Marta -bien se conoce que para acordarse de ella no todos aguardan a que truene-, la ayuda del Cielo. Y en verdad no pudo haber mejor solución, porque el dragón no tuvo entonces más remedio que batirse en retirada. Hay quien dice que está agazapado, en el fondo del mar, asustado ante el poder de la Santa, que para alejarlo utilizó unas gotas de agua bendita; y hay quien sostiene, en cambio, que de aquel combate salió muerto. Pero sea como sea, el caso es que no ha vuelto a aparecer. Que es de lo que se trataba, vaya. Así que a Santa Marta se le debe, también por ese suceso, gratitud inmensa. No sabría uno decir si Cunqueiro tuvo alguna noticia del dragón desaparecido cuando él -el escritor, ya se entiende- estuvo allí viviendo un tiempo, tras haber dejado Mondoñedo, donde a buen seguro temería ser represaliado por su carácter decididamente galleguista, a raíz del estallido de la última guerra civil. Pero bien podría ser que sí: o sea, que supiese qué fue del dragón, e incluso que lo contase, aunque uno, por desgracia, desconozca el relato que él tal vez hizo de todo aquello.

Tenía Álvaro Cunqueiro, en la Ortigueira que tantos figuras de relieve dio a la ciencia, la política, el arte y la literatura, un amigo especialmente querido. David Fojo, a quien yo particularmente recuerdo, con gran nostalgia y con mucho afecto, como uno de los más brillantes conversadores que alguien pueda tener a su lado.

La vocación periodística

Fue realmente en Ortigueira donde el autor de As crónicas do Sochantre , muy joven entonces, comenzó a desarrollar su vocación periodística. Una vocación que desde allí lo llevaría a Vigo, y más tarde a San Sebastián y a Madrid, antes de volver a Galicia de nuevo. Y además de periodista, en Ortigueira fue, el escritor mindoniense, profesor de una academia. «¿E vostede sabe que Cunqueiro tivo aquí unha moza á que lle falou moito tempo...?», pregunta una señora que no deja que le hagamos una foto. Pues, a decir verdad, no. No lo sabemos. Algo hemos oído, pero no todo lo que que va por el aire, por muchas palabras que tenga, forma parte del conocimiento. De la etapa ortegana de Cunqueiro se cuentan casi infinitas anécdotas. Cabe suponer que apócrifas, la mayoría de ellas. El autor de Merlín e familia , uno de los grandes autores de la literatura europea, no dudó, cuando todavía era mozo, a la hora de alimentar su propia leyenda. Y esa leyenda, como la del dragón marino, acabó caminando por sí misma, que es lo que sucede casi siempre.