Falta ver si se produce el encuentro entre ciudad y plaza

? Eduardo Alonso Lois ?

FERROL

Perdida la necesaria oportunidad de dejar pensar a los profesionales de la arquitectura y del urbanismo en un concurso de ideas; sabiendo que era demasiada superficie de suelo urbano para ser dedicada exclusivamente al tráfico; sabiendo también que sobra espacio para la escala del peatón; y dejando claro que los errores del proyecto y la ejecución de obra originales no son subsanables, por ahora; hoy toca hablar de lo que supondrá para Ferrol la apertura de la nueva plaza de España.

Entre el coche y la familia, me quedo con el uso y disfrute para los ferrolanos, aunque hay que cualificar los espacios con diferentes ámbitos, como se está haciendo, para evitar la monotonía de esa inmensa plaza encerrada en una arquitectura de dudosa calidad.

La conexión con A Magdalena es sencilla, sus calles se prolongan invisibles hasta ese vacío a conquistar, sin que nadie se lo impida. El acceso por la calle Galiano hacia el edificio Hollywood genera un sosiego que solo se produce cuando el caminar es un placer permitido.

La rampa para vehículos de la carretera de Castilla, tremendamente mal situada dentro del espacio público, estrangula la continuidad de la trama, reforzando el carácter de embudo que tiene la plaza por su noroeste y dificultando una conexión amable con el Ensanche y parte de Recimil.

Pero el proyecto de superficie suaviza esa barrera con una mayor conexión visual con la que era la principal vía de entrada a la ciudad hasta hace bien poco.

Por otro lado, el escalonado que salva la diferencia de cotas en el borde sur acerca las plazas de Sevilla y España, y permitirá otras actividades cuando se use como esporádico graderío para espectáculos menores.

La serenidad que aportan los materiales naturales, así como el uso sostenible de las zonas verdes para mejorar el microclima, matizan la dureza de una superficie llana tan extensa.

Los pasos están dados, solo falta ver si se produce el encuentro entre ciudad y plaza, de forma que esta última se convierta en el corazón de Ferrol.