La niebla hizo «desaparecer» la Torre, el monte de San Pedro o Riazor
26 jul 2011 . Actualizado a las 11:39 h.La niebla se comió la ciudad. Más allá de 20 o 25 metros costaba ver algo que no fuese una enorme masa gris. Nada más. Pero absolutamente nada más. Sitios como el monte de San Pedro o la torre de Hércules resultaban, ayer por la mañana, lugares fantasmagóricos. La línea de edificios de la playa de Riazor se desvanecía al poco que los ojos del espectador enfocasen a los lejos. Y una de las cimas de la ciudad, la Torre Hercón, era desde Pla y Cancela una mancha desdibujarse a lo lejos.
El fenómeno duró hasta las doce y media aproximadamente. Y muchos aprovecharon para retratar la ciudad desaparecida entre esas nubes bajas. La mayoría apuntaban con sus cámaras digitales a la playa de Riazor. Ninguno, o casi ninguno, quiso subir al punto más espectacular de la ciudad: un monte de San Pedro en el que costaba ver más allá de cinco metros de longitud. Se resintió la afluencia de turistas y su atracción estrella, el ascensor esférico. Antes de las doce había hecho dos viajes con cero pasajeros. Estos se perdieron una suerte de descenso único: la arielita bajaba al paseo envuelta en vapor.
Donde sí hubo público fue en la torre de Hércules. Andaluces, madrileños, italianos, argentinos, portugueses y alemanes cumplieron con el ritual de subir los 242 escalones del faro. Una vez arriba, no vieron nada. «Hay que imaginarse el mar», comentaba con gracia un turista argentino. Colocaba a su familiar para hacer una foto: «No vamos a venir aquí sin hacernos una foto, aunque sea con toda esa niebla de fondo».
En medio del trasiego de visitantes, un gaitero alemán hacía su particular agosto en julio. Lejos de encasillarse en las canciones tradicionales, adaptaba su repertorio a la procedencia del público. En cuanto tuvo unos italianos delante, les espetó un Ti amo inenarrable a golpe de gaita. Ellos, entusiasmados, se pusieron a bailar del ganchete. Primero un matrimonio. Luego el otro. Todo ante un círculo de gente que no podía contener la risa. Al final del número, una de las mujeres del grupo cogió la funda del instrumento que el músico utilizaba para recoger el dinero y la pasó entre los asistentes. La sonrisa de oreja a ojera del gaitero hablaba por sí sola.
Alrededor de la una, el sol se hizo camino entre la niebla y todo -la playa, el monte de San Pedro, la Torre- volvió a tomar nitidez. Para el día de hoy también se prevén cielos nubosos. Habrá que ver si las nubes van tan a ras de suelo como en esta ocasión.
70 % de ocupación
El mal tiempo rebajó la ocupación hotelera de la ciudad por debajo de lo esperado. El presidente del gremio en la ciudad, Francisco Canabal, cifraba ayer la ocupación alrededor de un 70 %, cinco puntos por debajo de una previsión que ya era baja de por sí. «La ocupación está cayendo al nivel del 2009 -sostiene-, el año pasado el Xacobeo ayudó a sustentar el turismo, pero ahora el mal tiempo que tenemos y la profunda crisis que padecemos están afectando al sector de manera determinante».
A la espera de mejores noticias en el plano meteorológico, los hoteles de la ciudad fijan el 85 % de ocupación como horizonte para el próximo mes de agosto. «Dependerá mucho de cómo se comporte el tiempo», adelanta el presidente de Hospeco.
Cancelados dos vuelos
La compañía Iberia canceló ayer dos conexiones con el aeropuerto de Barajas. El primer vuelo anulado fue el que debería aterrizar en el aeródromo de A Coruña a las siete menos diez de la mañana.
Esta incidencia también obligó a la compañía aérea a cancelar la conexión que que permite volar hacia la capital de España desde Alvedro a las nueve y media de la mañana. Los pasajeros de ambos vuelos fueron recolocados en otros aviones desde Madrid y desde el aeropuerto de A Coruña.
Por otra parte, el trasatlántico Costa Marina atracó ayer en el puerto con 780 pasajeros a bordo. Luis del Moral, de la consignataria Rubine, destacó que solo unos 150 turistas optaron por acercarse a Santiago para ver la ciudad en un día tan señalado. La mayoría, según explicó, optaron por sumergirse en la Ciudad Vieja aprovechando que había mucha ambientación.
Los puestos de la Feira das Marabillas suplieron la falta de aperturas comerciales en un día festivo.