Barrio destaca la enculturación que supondrán las instalaciones del templo de los Santos Ángeles.
03 sep 2010 . Actualizado a las 11:46 h.Momentos antes de las seis de la tarde de ayer, dos mujeres se afanaban en terminar de recoger unos papeles en la parroquia de los Santos Ángeles, ubicada en un bajo de la plaza de Luis Seoane, en Elviña. En la sacristía se revestían con hábitos litúrgicos blancos el arzobispo de Santiago, Julián Barrio; el vicario de la diócesis, José Luis Veira; el párroco, Eladio Varela, y varios sacerdotes más.
La comitiva se dirigió a la explanada de los cimientos del nuevo templo parroquial, que ocupará una parcela de 3.140 metros cuadrados situada al lado de dicha plaza, un edificio triangular cuyo boceto podía verse en varios lugares.
A la entrada de dichos cimientos, el alcalde, Javier Losada, que estaba acompañado de varios ediles de su grupo, recibió al arzobispo y durante unos minutos estuvieron conversando. A su lado iban pasando los feligreses que, en un buen número, se dirigían al acto, cada uno con un folleto con la imagen del nuevo templo y todos los detalles de la «bendición y colocación de la primera piedra del templo parroquial». En el lugar de la ceremonia ya estaba el delegado de la Xunta, Diego Calvo, al que se uniría Carlos Negreira.
El párroco, Eladio Varela, empezó recordando que desde el año 1982 funcionaban las actuales dependencias, aunque entonces dependían de la parroquia de Oza, recordó «a don Ramón», primer cura de esta iglesia, que desde 1989 funciona como parroquia; también habló del proyecto como «una obra grandiosa», además de «tan esperada», y abogó «por que sigan muchas piedras más» además de mostrar su esperanza de poder seguir contando con la ayuda municipal.
El arzobispo, Julián Barrio, recordó los 17 años que lleva en el cargo y aseguró que durante los mismos «la clave para interpretar la vida de la diócesis ha sido: no llega antes el que va más deprisa sino el que sabe a donde va»; en este sentido agradeció el trabajo tanto de la constructora del nuevo templo, Reni, como del arquitecto, Carlos Rosón. También aludió a la importancia de la parroquia, destacando la inculturación que la misma supone, «un poco de cultura no hace daño y si es cultura religiosa tampoco». El arzobispo también se dirigió a los feligreses asistentes aludiendo a su «vocación a la trascendencia, a la eternidad y por ello es importante aprovechar el tiempo».
La liturgia de la ceremonia hizo continua alusión en todos los textos a la construcción: «Por la fe en Jesucristo colocamos la primera piedra en el cimiento de esta construcción, para que, en la iglesia que aquí se levantará...», decía una de las oraciones. Las autoridades asistentes firmaron el acta que se colocó en una urna en la que también se guardaron monedas de curso legal y periódicos del día, entre otras cosas. La pala, la carretilla o las paletas usadas usadas para tapar la primera piedra eran de estreno.