La expresividad de su cara suple ampliamente las dificultades que tiene en ocasiones para expresarse. Agradece con una sonrisa el simple hecho de prestarle atención y mira a su marido para que él explique por qué desde el pasado fin de semana ella lleva una escayola hasta la rodilla y se mueve apoyada en unas muletas. Ambos, Mercedes Romero, de 67 años de edad, y su marido, Enrique Peinado, bajaban el pasado viernes por delante del número 434 de la ronda de Outeiro, en el barrio de Labañou. Al pasar sobre una grieta que rompe la acera casi en su totalidad, el tacón del zapato de la mujer se coló entre las losetas «y no se fue de cabeza al suelo porque iba agarrada a mí; si no, se esnafraba ahí», explicaba ayer el marido en la «reconstrucción» de los hechos.
«Ya es casualidad que meta el pie ahí, pero es que hay unos baches terribles por toda esta zona y las aceras están rotas sin que nadie se preocupe de ellas», lamentaba el hombre mientras mostraba cómo las aguas pluviales del edificio cercano bajaban por dicha acera. Otro detalle que apuntaba era cómo varias losetas estaban levantadas y el agua corría por debajo de las mismas.
«Con una cosa como esta se puede matar una persona, y sé de lo que estoy hablando porque soy médico», apuntaba un hijo del matrimonio; también señalaba otros baches y grietas que se pueden ver en distintos lugares de esta barriada, destacando asimismo que las aceras del paseo marítimo, situado a unos metros, «tienen unas aceras mucho mejores».
Su padre apuntaba diversas inversiones llevadas a cabo por el Ayuntamiento coruñés en otros lugares de la ciudad y que considera que no son prioritarias, mientras en los barrios «nos tienen abandonados».
Al hospital
En medio del enfado por lo ocurrido, el hombre continuaba relatando los hechos del pasado viernes: «Tuve que llamar a un taxi para que nos llevara hasta el centro de salud, pero como allí vieron que la cosa era más complicada de lo que parecía» los responsables del centro optaron por enviar la mujer al Hospital Universitario de A Coruña. Allí, en el servicio de traumatología, le indicaron que algunos de los huesos de la parte de abajo del pie estaban rotos, por lo que tuvo que ser escayolada. En la mañana de ayer, ya podía empezar a pisar, aunque lo hacía con bastante cuidado ante el bache donde se produjo el accidente y antes de ser atendida de nuevo en el centro de salud de Labañou.
Mientras, su hijo presentaba una denuncia contra el Ayuntamiento por lo ocurrido. «Y también la presentaré en el juzgado», anunciaba.