Investigan las deudas de la coruñesa que acabó con la vida de su marido el pasado miércoles
A CORUÑA
La mujer explicó durante la reconstrucción del crimen que lo golpeó con una pesa
02 jun 2009 . Actualizado a las 11:42 h.María Teresa Sola regresó ayer con lágrimas en los ojos al piso donde el pasado miércoles mató a su esposo. Ya arriba, en el cuarto izquierda del número 14 de la calle Gil Vicente, en el barrio coruñés del Agra del Orzán, esta mujer de 57 años explicó a la jueza en la reconstrucción de los hechos que le asestó el golpe en la cabeza con una pesa de musculación cuando su marido, Miguel Ángel Vilar, estaba acostado en la cama del dormitorio principal. Luego, agonizando, el hombre intentó incorporarse, pero no pasó de la mesilla, cayendo al suelo. Y allí estaba cuando, cuatro horas más tarde, la policía acudió al domicilio después de que María Teresa se presentase en comisaría acompañada por su hija para confesar el crimen.
Ante la policía, la mujer calificó a su esposo como una persona «muy chula», que la despreciaba, y que la convivencia, después de que él se jubilase tras pasar toda la vida como marinero, se había vuelto imposible.
A esos supuestos malos tratos psíquicos a los que aludía la imputada se suma ahora otra línea de investigación. Los responsables policiales tratan de averiguar los movimientos económicos de la mujer en los últimos meses. Al parecer, las principales desavenencias entre María Teresa y su esposo eran monetarias debido a las deudas que, supuestamente, había acumulado la imputada con diversas entidades.
El día posterior al crimen trascendió que la mujer tenía una amiga que le retiraba el correo del buzón. Supuestamente, esa medida que había adoptado era para que su marido no viese los extractos bancarios. Algunos conocidos comentaban que compraba mucho, más de lo que podía permitirse.
El pasado miércoles, María Teresa había pasado la tarde con su hija, su «gran apoyo», y por la noche se produjo una nueva discusión en el domicilio familiar. La acusada, según declaró, perdió los nervios. «En aquel momento me volví como loca», aseguró. Cogió una pesa de musculación y golpeó con ella a su marido en la cabeza.
Durante la noche en la que se produjo el crimen una vecina del inmueble pudo percatarse de lo que le pareció una discusión. Oyó gritar con fuerza a una mujer y, a continuación, una voz gutural. Luego ya no notó nada hasta que llegaron los agentes de la Policía Nacional acompañados de los servicios médicos. Estos solo pudieron certificar la muerte del hombre.
Sorpresa
El crimen fue una sorpresa entre los allegados del matrimonio. Nadie conocía ningún episodio de malos tratos anterior. Incluso los vecinos aseguraron que en treinta años que llevaban viviendo en el inmueble, nunca habían oído ninguna pelea.