«La tripulación ha sido nombrada embajadora itinerante de la República Argentina». En la sala de oficiales de la fragata Libertad, Horacio Nadale, su comandante, apunta pinceladas de la historia de este buque escuela, uno de los mayores del mundo, que el pasado domingo atracaba en el puerto coruñés con 320 tripulantes. En cubierta, los tres palos del velero, Mayor, Trinquete y Mesana, tienen escritos sus nombres, para recordatorio de los 102 guardiamarinas que hacen su viaje por el Atlántico, «en sentido antihorario», y a los que a bordo les dan «la última mano de barniz en su formación completa, como seres humanos», argumenta Nadale, con un inconfundible acento argentino y tras recordar que en 1980 él era uno de esos guardiamarinas. Ahora luce en su bocamanga los galones de capitán de navío.
Entre la tripulación se encuentran 23 mujeres que han «discriminado de la siguiente manera: 2 oficiales, 2 suboficiales, 5 cabos...», detalla el comandante, antes de subir hasta la proa del velero, desde donde a las cinco de la tarde de ayer se veía como zarpaba otro velero, el Sea Cloud II , con turistas que se llevaron en sus cámaras decenas de imágenes del buque argentino.
El 11 de junio de 1963 la fragata Libertad, de 103, 75 metros de eslora, salió de Buenos Aires en su primer viaje, y el actual recorrido de cuatro meses y medio por 12 puertos de Europa y América supone su singladura número 40. El comandante destaca la escala en Irlanda, «de donde era nuestro primer comandante en jefe» y que les aguarda un encuentro de grandes veleros en Boston.
El próximo sábado zarparán, pero, como van en dirección contraria a las agujas del reloj, «será difícil» que tengan viento para desplegar las velas.