«Aquí ya nadie cree en milagros»

A CORUÑA CIUDAD

Casi una decena de familias todavía desconocen cuál será su destino cuando se lleve a cabo la demolición de sus hogares en el barrio de San Roque de Afuera

19 may 2009 . Actualizado a las 11:03 h.

«Estamos entre Pinto y Valdemoro». Los inquilinos de las casas que quedan en pie en San Roque de Afuera desconocen cual será su paradero cuando sus casas sean derruidas. Hace ya más de una década que se daba el primera aviso y que se inició el proceso para la demolición de las viviendas y en los últimos meses tan solo dos familias han sido realojadas en el barrio.

«No hemos dejado de pagar ni un solo impuesto. Tan solo queremos una casa digna que podamos pagar; los que estamos aquí no aspiramos a vivir en la calle Real». José Luis García es la tercera generación de una familia que solo recuerda una vida en San Roque.

Al igual que la familia de Jose Luis, son muchas las que no pueden permitirse la ayuda de un abogado que «agilice los trámites», aunque, según manifiestan los vecinos, «aquí, con abogado o sin el, ya nadie cree en los milagros».

«Un clavo ardiendo»

Las familias que aún esperan que se les informe sobre su destino cuando se proceda a derruir sus hogares manifiestan agarrarse a «un clavo ardiendo». «En el Ayuntamiento nos aseguraron que nos iban a realojar a todos, familia a familia, pero en la asociación de vecinos nos dicen que no hay sitio suficiente en las viviendas sociales, que es lo único que nosotros nos podemos permitir», afirmaban señalando las piedras antiguas que aún les dan cobijo.

Cuando a principios de año responsables municipales de Urbanismo visitaron a los vecinos de San Roque para informarles sobre los proyectos de urbanización de la zona, no escucharon una negativa a irse por parte de los pobladores, tan solo exigencias de obtener una vivienda digna y cierto alivio, en algunos casos, por abandonar unas casas cada vez en peor estado y «que se están quedando inhabitables según transcurren las obras y demoliciones», asegura Andrés Pérez, uno de los vecinos afectados por las malas condiciones en las que se encuentra su hogar y que pasa las horas de sol en la puerta de su casa esperando información. «Estoy en paro, no puedo hacer mucho más por mi casa», dice.

Dormir con paraguas

Son pocos los vecinos que no denuncian el deplorable estado de conservación de sus viviendas, que sufren problemas de humedad, goteras y desperfectos en los tejados, entre otras cosas.

«Dentro de nada, tendremos que dormir con paraguas», afirmaba Andrés Pérez, que lleva treinta años en una de las primeras casas y que ha retocado uno por uno de los rincones en los que se cuela el agua.

«Somos conscientes de que las cosas de despacho van despacio, pero ha pasado mucho tiempo desde que, con el anterior alcalde, se nos prometió el realojamiento», manifestaba Andrés.

«Las polillas que se han formado en mi casa van a impedir, el día que nos podamos marchar, que me lleve mis propios muebles; si los levanto, se desmontan; se los están comiendo los bichos». Andrés tiene un nieto de 4 años que visita a menudo la casa y que se queja de noche de los «conejos» que corren por el tejado. «Aún no le hemos querido decir que realmente son ratas», señala.

Un proceso lento

El 13 de mayo del año 2002, el gobierno local de A Coruña aprobaba, provisionalmente, el plan para esta zona, que incluía un rascacielos. «Con el fin de liberar espacio público» se dedicarían unos 4.500 metros cuadrados. A comienzos del año pasado el plan era retomado y se cambiaba la idea de construir esta gran estructura por la homogeneización de los inmuebles en ocho alturas.

Por el momento, solo dos casas han sido derruidas y sus familias realojadas «satisfactoriamente», según manifiestas sus vecinos de San Roque de Afuera. Los demás esperan, «con la paciencia que se puede esperar, que no se nos deje en la calle».

El proceso es lento y muchos parecen darse por vencidos: «Mis ojos no verán la reconstrucción de este barrio. De nada servirán las promesas y los lloros».