Los trabajadores de Cespa rechazaron en asamblea, la noche del jueves al viernes, el preacuerdo firmado entre la dirección y el comité de empresa, por lo que iniciaron a continuación la huelga indefinida en el servicio de recogida de basura y de limpieza viaria.
El arranque de la protesta se desarrolló con diversos incidentes y la presencia de piquetes informativos aumentó la tensión en el ambiente. De hecho, a lo largo de la noche se produjeron sabotajes a los camiones que cumplían con los servicios mínimos y, según informaron desde la empresa concesionaria, fueron pinchadas las ruedas de diez camiones de basura, fueron selladas las puertas de nueve casetas de limpieza y «coaccionados medio centenar de empleados que pretendían desempeñar su trabajo por la mañana». Además, se produjeron agresiones físicas y verbales entre trabajadores que defendían posturas contrarias.
Los responsables del comité de empresa indicaron ayer que los trabajadores seguirán concentrados en la sede de Cespa (en el polígono de la Grela) y realizando turnos con piquetes informativos las 24 horas del día. Explicaron que, al menos hasta última hora de la tarde, la situación seguía «enquistada», pero que de todas formas esperaban ser convocados para continuar con las negociaciones. En caso de que no sea así, el comité anunció que harán «más intensas» sus reivindicaciones y protestas y no descartaban trasladar sus concentraciones a otros puntos de la ciudad. Además, para evitar malentendidos, solicitaron a la dirección de Cespa que identifique con carteles que estén bien visibles a los operarios y la maquinaria que cumplen con los servicios mínimos.
El gerente de la empresa, Francisco Gallego, manifestó ayer que la huelga deslegitima a los sindicalistas como interlocutores, ya que firmaron un preacuerdo que, «de forma inaudita», no fue refrendado después por sus representantes legales. Además, considera «ilegal» e «irregular» la última asamblea de trabajadores porque, según dijo, «no se contabilizaron los votos», los trabajadores no tuvieron la posibilidad de emitir su voto en secreto y «había gente que votó a favor de la huelga y que no era de la empresa». Por este motivo, la dirección de Cespa ha solicitado el acta de la asamblea y en caso de demostrar estas irregularidades «tomaremos las acciones legales que se puedan llevar a cabo».
La concejala de Medio Ambiente, Nieves Vázquez, coincide con la empresa concesionaria al censurar que «sorpresivamente» el preacuerdo firmado el pasado miércoles por la noche no fue respetado de forma unilateral por los trabajadores. Exigió que ambas partes sigan dialogando para que la ciudad deje de ser «rehén» de este conflicto. En este sentido, indicó que el Ayuntamiento «ha propiciado y propiciará» nuevos encuentros entre la dirección de Cespa y el comité de empresa y anunció, sin concretar fecha ni hora, que sin duda «se van a producir». Pidió a los trabajadores que ejerzan su derecho a la huelga con «sentido común» y les recordó que son empleados de una empresa adjudicataria de un servicio público y, por lo tanto, «se deben a la ciudad y a los coruñeses». La edil socialista indicó que en el gobierno local «no acertamos a entender» los verdaderos motivos de la huelga. «No es una cuestión de dinero, porque en la firma del convenio colectivo se acordó una subida salarial del 25%. Y ahora no sabemos si la empresa tiene un interlocutor válido. Quizás haya que plantearse cambiarlo», dijo.
Desde los sindicatos explicaron que siguen reivindicando la estabilidad de 396 operarios, y no la horquilla de 377 a 396 que se firmó en el preacuerdo, «porque ellos -refiriéndose a la empresa- siempre tenderán a la baja», aseguraron.