Tras dos décadas reparando corazones, deja el Hospital A Coruña. «No me jubilo», advierte. Sigue operando en el Modelo
22 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Explica como nadie qué le pasa a un corazón enfermo comparándolo con un balón. Será porque tiene algo de entrenador este argentino que en 1990 trajo a Galicia la cirugía cardíaca, y al año siguiente trasplantó el primer corazón. Ahora, con casi dos décadas poniendo en el centro la periférica Coruña, Alberto Juffé Stein (Buenos Aires, 1945) ha dejado la jefatura del servicio médico que ha goleado en la liga nacional. «El objetivo siempre fue hacer buena medicina y divertirse con lo que uno hace; yo me he divertido mucho», dice. Quiere visitar Nepal y la Isla de Pascua, y ha vuelto a la Universidad para estudiar Arte, y quién sabe si hará también Arqueología. «Me gustan las piedras», dice el hombre del corazón.
-¿Por qué deja el Chuac?
-Esta decisión la tenía tomada hace diez años. Me vine aquí a hacer un equipo, a prestigiar la cirugía cardíaca en Galicia. Ha sido un sacrificio personal y familiar enorme. Salir de casa a las siete y media de la mañana y volver a las diez de la noche... no es calidad de vida. -¿Y por qué ahora? -Sé bien que no se vive dos veces. Cuando llegas a unos logros... No hay que esperar a irse cuando todo el mundo está deseando que te vayas. Si el equipo está formado, al final uno puede ser un obstáculo, salvo que delegues. Y estar con mi familia era una asignatura pendiente. -¿Añorará el quirófano? -No se puede pasar de veinte horas a cero. Yo no podría dejar la Medicina. Sería terrible. No me jubilo, ni me prejubilo. Por suerte, tengo la posibilidad de seguir operando en el Modelo. Estoy vivo y sigo aquí. La cirugía cardíaca va en aumento y cada vez se operan más personas, porque la gente busca soluciones rápidas, y muchos de ellos son pacientes del Sergas. Pienso dedicarme al menos cinco años más a esto, si puedo. Más allá, no se deben hacer planes. -¿Cómo un bonaerense sin raíces aquí llegó a España? -En el 69 me gradué en Buenos Aires, hice Cirugía General hasta el 72 y entonces pedí venir a hacer el MIR a España, a Puerta del Hierro. Tenía ventaja sobre los españoles porque ya tenía una especialidad y Figueras me dio la plaza. En el 84 hicimos el trasplante de corazón y al año siguiente me ofertaron la dirección del Instituto de Buenos Aires. El chico todavía me envió una postal en Navidad. -¿Y como acabó en Galicia? -Cuando llegamos a Argentina, el país era otro, la represión militar... Mi mujer lo vio claro, teníamos que volvernos. No era fácil, porque era tomar la decisión de terminar la vida profesional en España. Al llegar a Madrid, en el 89, Castro Beiras se enteró, Cerviño era el gerente y Caramés el director médico. Y me convencieron. -¿Cómo? -Lo que me llamó la atención entonces es que apenas había cirugía cardíaca y los pacientes tenían que salir de Galicia para operarse. La otra gran baza era poner en marcha el trasplante cardíaco, el tercer programa que iniciaba. Fue en el 91. _¿Y el balance? -Lo que traté de hacer es prestigiar la cirugía cardíaca. Creo que hemos ayudado a colocar Galicia en el mapa. Se ha hecho una cantidad tremenda de trabajo, más de 12.000 cirugías. -¿Incluidas las infantiles? -Pediátricas van mil. Aquello fue importantísimo. El programa infantil lo puso en marcha Claudio Zavanella en el 98, que se vino para eso. Cuando se decidió su puesta en marcha, dije que no admitía curva de aprendizaje. Tenía que salir bien desde el principio. Tenía que hacerlo alguien que supiese para darle continuidad. Como en los trasplantes, los 100 primeros los hicimos entre dos, hoy van 580 y todos los cirujanos cardíacos del hospital hacen trasplante. -¿Además de la atención? -Siempre hablé de cuatro patas: asistencia, docencia, investigación y márketing. Han pasado por el servicio 13 residentes que hoy operan en Santiago, Zaragoza, Mallorca... y aquí. Mi filosofía siempre fue: si el residente es muy bueno, que se vaya; si es excelente, se queda. Además, el servicio lo visitaron 235 especialistas para aprender algo. Fue importantísima también la investigación, sobre todo el xenotrasplante, porque éramos tres centros en el mundo. Hemos enviado 729 comunicaciones a congresos, 402 publicaciones a revistas científicas... Aunque me tocó dirigir la orquesta con muy buenos músicos, creo en la juventud, en el cambio generacional.