La capilla ardiente de la familia Lanas se instalará en el pabellón municipal

A CORUÑA

El Concello de Aranga está organizándolo todo para instalar la capilla ardiente de los tres miembros de la familia Lanas en el pabellón municipal de La Castellana. El alcalde, Manuel Brañas, asegura, no obstante, que están a la espera de que los forenses realicen su trabajo para comenzar las honras fúnebres. Los hermanos de Manuel Gómez, el hombre de 66 años que pereció en el incendio de su casa junto a sus hijos Manuel y José, confiaban ayer que las autoridades les iban a hacer entrega de los cuerpos hoy por la mañana. «Quedaron ás nove no xulgado», precisó el regidor.

Mientras, la Guardia Civil sigue con las pesquisas para esclarecer el origen de las llamas que atraparon a los dos hermanos, de 36 y 39 años y con una discapacidad psíquica, y a su padre. Los agentes se centran ahora en recabar datos en el entorno de la cocina y la lareira de la casa, ya que la mayor parte de indicios apuntan a que en estas zonas pudo estar el origen del siniestro. La casa quedó completamente destruida y la cocina bilbaína era de los pocos elementos que resistieron.

Recogida de animales

Los técnicos de la Xunta recogieron a lo largo de la jornada los restos de los animales que perecieron en el incendio, mientras que los vecinos se hicieron cargo del perro de Manuel Gómez.

El Concello decretó tres días de luto que se hicieron sentir sobre todo en Castrobó, la parroquia en la que residían las tres víctimas mortales. Aquí ninguno de sus vecinos mayores acudieron ayer a sus huertas y mantuvieron sus puertas cerradas y las persianas bajadas. El viento y los sonidos de los teléfonos eran los únicos que se escuchaban mientras desde la casa del desafortunado Manuel Gómez y de sus dos hijos aún salía humo. Los vecinos Juan Carlos Couto y Ángela Roca fueron algunas de las personas que se acercaron a la casona construida en piedra de cantería para, controlando sus lágrimas, rezar un por los tres fallecidos. Pero había algo más que hacer. Juan Carlos se dirigió a la palleira, aún repleta de aperos de labranza y hierba seca para el ganado, y le dio de comer al perro de Manuel. «Parece que está nervioso, non sei se non botará de menos aos seus donos, que o trataban moi ben», comentó. Los vecinos siguen preguntándose cómo pudo declararse un incendio tan violento y algunos creen que el padre de familia ya estaba en la casa cuando comenzaron las llamas por un dato: tenía el coche demasiado «bien aparcado» como para acabar de recibir un susto.