«Se me dan mejor los ordenadores que a muchos de mis alumnos»

SELECTIVIDAD

Profesora de inglés y responsable de la biblioteca en el Instituto Eusebio da Guarda, ha visto la evolución del centro desde la enseñanza solo para chicas a la mixta

16 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Treinta años dando clase en el Instituto de Secundaria Eusebio da Guarda, que todavía se le conoce como El Femenino, dan para mucho. Fidelina Seco, veterana profesora del centro, así lo atestigua. Desde los tiempos en los que solo asistían mujeres y consultaban la Espasa, hasta la actual época mixta en la que los ordenadores conviven con los libros en la biblioteca. «Nos obligaron a admitir a los chicos -comenta la docente-, porque hacíamos votaciones todos los años, y siempre perdíamos los que estábamos a favor de que fuera mixto. La verdad es que luego no hubo problemas, ni nada grave».

Fidelina Seco da clase de inglés a chicos de 16 a 18 años. Piensa que las cosas han evolucionado para mal. «Desde la Logse todo ha empeorado -sostiene-, se perdieron una serie de valores y el respeto hacia el derecho de los demás. Se piensa mucho en uno mismo y no en los demás». De todos modos, ello no evita que con los alumnos mantenga un buen trato, aunque debido a sus bromas haya tenido que usar bata para dar clase: «Cuando empezaron los niños me ponían la mesa y la silla llena de tiza. Mi política es la de no enfadarme por esas tonterías, entonces empecé a llevarla. Ahora ya no pasa, pero sigo llevándola».

Hija de profesores («Mi madre era la que me decía que no había que darles importancia a las bromas»), eligió la rama del inglés, un idioma novedoso en un país que tradicionalmente se decantó por el francés. «Ya era mayoritario cuando empecé. En el instituto a lo mejor había cuatro cursos de inglés, frente a dos de francés y, poco a poco, el francés fue perdiendo». Sus enseñanzas crearon escuela: «En la Universidad hay dos antiguas alumnas mías dando inglés, y también en la Escuela de Idiomas».

Siempre ha tenido fama el Femenino de ser el instituto con mayor nivel de exigencia de la ciudad. «Quizá lo siga siendo. El otro día vino un ex alumno al que le dieron el premio nacional de fin de carrera. Nos comentó que la universidad le fue bastante fácil por la preparación que llevaba de antes». Ello también se extiende a la Selectividad: «El curso pasado un alumno mío, Guillermo Montero, tuvo la mejor nota».

¿Serán esas estampas primaverales, ya clásicas en la ciudad, de alumnos en el plaza de Pontevedra las que ayudan a esos resultados? «Es decir, latando a clase. No, esa no es la manera», dice sonriendo. Y que, en ocasiones, algunos alumnos, creen que pueden prescindir del profesor, buscando otros caminos: «Un alumno me dijo, hace poco, que estaba bien una cosa que le había corregido. Argumentaba que se lo había dicho un amigo que estuvo un año en EE.UU.».

Una de las nuevas vías de aprendizaje es la de la tecnología, pero ella no se queda rezagada. «Se me dan bastante bien los ordenadores -afirma-, mejor que a muchos de mis alumnos. Los hay que no saben manejarlos. De todos modos, los libros se leen pasando las páginas. Esa, desde luego, es la mejor manera».