Los vecinos del barrio de los Mallos continúan estupefactos ante las noticias que aparecen en los medios de comunicación sobre las actividades, supuestamente fraudulentas, de uno de sus vecinos, Vander Molina, por de la orden de encarcelamiento del mismo.
M.?C.?R. es una mujer brasileña que lleva varios años trabajando en A Coruña, «junto con mi familia, mi marido y mis hijos». Cuando llegó Vander, «le ayudamos lo indecible para regular su situación, pero una vez que le solucionamos los problemas, desapareció del mapa».
Una joven, R.?T., también de nacionalidad brasileña, que estaba escuchando la conversación se paró y se integró en ella: «Parecía una persona muy educada, muy buena, pero mira que sinvergüenza salió». Y continuó hablando: «Lo que le hizo a esa pobre gente seguro que lo va a pagar. Es mejor que no salga de la cárcel porque los nervios en nuestro barrio y en nuestra comunidad están muy calientes y le puede pasar algo. No le van a perdonar nada».
«Me llevó lo que tenía»
En un bar de la zona se encontraba un ex empleado de la empresa Rozas Molina, propiedad de Vander. Se trata de un joven brasileño, V.?F.?S. «Confié en él y como buen evangelista pensé que se trataba de gente de bien, pero me llevó todo lo que tenía», asegura.
Este hombre conducía uno de los vehículos de la empresa de Molina: «Llevaba a mis compañeros al tajo», pero no llegaron, ya que sufrieron un accidente bastante grave: «Yo sufrí muchas lesiones». Supuestamente, el joven brasileño debería recibir una indemnización como accidente laboral. «Vander me dijo que lo iba a arreglar él, pero si cobró, a mi no me dio un euro», dice.
El trabajador insistió en querer cobrar lo que supuestamente le pertenecía, «y lo que hizo Molina fue echarme fuera de su casa, en la confluencia de la ronda de Outeiro con la avenida de los Mallos, en donde vivía con él». Los compañeros le animaban a que denunciase a Vander Molina, «pero cómo iba a hacer eso si él sabía dónde vivían mis hijos en Brasil y podía ordenar que los matase». V.?F.?S. se quedó sin nada, «no tengo ni un pavo para mandarle a mi familia».
Por otra parte, uno de los cabecillas del grupo de falsificadores que se fugo, supuestamente, a Brasil, José Manuel Da Silva, vivía en la avenida de As Mariñas, en Perillo. Cerca de su casa dejó abandonada una furgoneta, con matrícula 7412-DKH, comprada en Murcia en el 2006.