Xan Mella conquistó con su canto las tierras de don Pelayo

X. A.

CARBALLO

La agrupación polifónica de Baio ganó el Certamen Nacional de la Avellana de Infiesto, en el municipio asturiano de Piloña

30 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Piloña, un municipio milenario situado en el centro oriental de Asturias, es rico en avellanas, tanto que en siglo XVII se exportaban a Inglaterra. Pues allí se fue la agrupación Xan Mella de Baio al Certamen Nacional Coral de la Avellana. Iba con mucho espíritu olímpico -lo que importa es participar-, pero la vuelta fue al estilo Julio César: veni , vidi , vici . Llegó, vio y venció. Y se llevó el primer premio: avellana de oro, escudo de Piloña y 2.500 euros.

La primera fase del concurso se celebró el sábado a las 20.30. El escenario fue la iglesia principal de Infiesto, la capital del municipio, cuyo suelo pisó el reconquistador don Pelayo. La organización corría a cargo de la polifónica local y el Ayuntamiento de Piloña. Había cinco grupos: Agrupación de O Rosal (Pontevedra), San Antonio de Gijón, Centro Asturiano de Avilés, Los Corrales de Buelma (Cantabria) y Xan Mella. El certamen parecía muy competido y los baieses, que en la ida habían parado en Cudillero y comido jabalí en Infiesto, actuaron de últimos. La primera jornada de música terminó con una excelente actuación fuera de concurso del orfeón Santiaguín, de Sama de Langreo.

La cena tuvo lugar en una carpa, en la que había unas 400 personas. Al final se dio a conocer el resultado de la eliminatoria. El jurado, llegado de Zamora, mandó para casa a los favoritos, Los Corrales de Buelma, con un premio menor por la interpretación de la mejor canción asturiana. Tenían buenas voces y se fueron del festival de muy mala gana. También tuvieron que abandonar Infiesto los de Os Rosales, que empezaron muy bien su actuación. Pasaron a la siguiente jornada los dos grupos asturianos y Xan Mella. «O bronce está garantido», decía alguno de los menos optimistas.

El domingo por la mañana tocó excursión: a Covadonga. Alguno de los coralistas escuchó misa. Tal vez para pedir el oro. En Cangas de Onís, algunos de los cantores prefirieron la sidra a la visita turística.

Las actuaciones de la tarde llenaron otra vez la iglesia. Y de nuevo Xan Mella actuó de último, y premio, de manos del alcalde, Camilo Montes Díaz, un hombre campechano que apuesta por fortalecer el espíritu cultural de su pueblo.