Besos y lágrimas de despedida

Carolina Laya redac.arousa@lavoz.es

AROUSA

La alegría con la que Cambados recibía a los niños saharauis hace dos meses, se tornó ayer en tristeza al despedirlos. Sus familias de acogida les decían hasta luego uno a uno, apurando hasta el último segundo el momento de soltarle la mano y meterlos en el autobús que les llevaría hasta Santiago para coger el avión al Sáhara. Los abrazos y los besos dejaron paso a las lágrimas y las sonrisas torcidas que se dibujaban en los rostros de los niños y de sus familias. Finalmente, el autobús se marchó cargado de niños y de maletas, que iban hasta arriba de comida, regalos y cariño.

En el aire queda que los chicos puedan volver el año que viene. Aunque así sea, aquellos que cumplan los 12 años tendrán que quedarse en el Sáhara, pues allí ya son adultos. Lourdes Maquieira, que lleva ya ocho años acogiendo a niños saharauis, mostró su desilusión por este tema. «A nosa política debería facer algo neste sentido, pois eles case nin a teñen», señala esta mujer que hace cuatro años tuvo la oportunidad de conocer los campamentos de refugiados donde dice que «non teñen nada pero dancho todo. As familias deberían ir alá e ver que eles non precisan agasallos. Alí o importante é a comida e os cartos, o resto non lles vale de nada».

Uno de los niños, Salek, dice con un perfecto gallego que «gústame moito as motos e a festa do albariño». Otra niña, comenta su madre, le contó que que «le iba a dar pena llegar al desierto y no ver los árboles». Cosas tan simples como estas hacen que la reflexión sea algo obligatorio para los que vivimos en un lugar privilegiado como este.