Las heterogéneas prácticas que rodean al uso del radar en Vilagarcía no se agotaban en las discutidas competencias del operario de servicios. Fuentes internas señalan que, en ocasiones, el dispositivo cedido por la Jefatura Provincial de Tráfico es desmontado del vehículo oficial de la DGT para ser reubicado en otro automóvil, esta vez de titularidad municipal, sin ninguna identificación exterior relacionada con el control de velocidad.
Según las mismas fuentes, esta fórmula fue empleada precisamente el pasado martes. Al parecer, el vehículo con el radar reinstalado se situaba a varios metros de distancia del coche oficial que el funcionario ajeno a la policía mantenía estacionado frente al cementerio. El mecanismo es automático y dispara una foto en cuanto algún conductor supera los parámetros de velocidad establecidos. Sea como fuere, la sanción correspondiente debe ser aplicada por un agente de policía, puesto que solo ellos disponen de presunción de veracidad ante un tribunal. Cualquier otro sistema, incluso las multas tramitadas por auxiliares, puede abrir la puerta a las alegaciones de los afectados.
Consultados otros cuerpos municipales de la comarca, la sorpresa ante el recurso de Vilagarcía a un operario de servicios para este tipo de cometidos era ayer la nota dominante. En O Grove, con 17 agentes en nómina, siempre son policías quienes manejan el radar móvil. A Illa solo dispone de dos agentes, pero sucede exactamente lo mismo. Al igual que en Cambados, cuya plantilla suma 16 miembros.
Dolores García quiso aclarar ayer que el funcionario de servicios dispone del permiso de conducir adecuado para pilotar este tipo de vehículos. Y que, de acuerdo con la información facilitada a la alcaldía por la jefatura de la policía local, nada impide que lo haga. Con todo y con eso, la regidora considera que tal situación no debe repetirse.