La combinación de un verano relativamente húmedo y el bochorno del fin de semana alentó su eclosión
25 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los insectos que durante días han protagonizado una auténtica invasión sobre Vilagarcía ya tienen algo parecido a un carné de identidad. Tras analizar detenidamente los cadáveres de varios ejemplares, los biólogos de la estación hidrobiológica del embalse de O Con están convencidos de que se trata de una del más de un millar de especies que configuran la familia de los esciáridos, conocidos popularmente como mosquitos de los hongos. Así lo apuntaba ayer el jefe de servicio del centro ubicado en el pantano de Castroagudín, Rufino Vieira.
«Este tipo de díptero suele estar asociado a la materia vegetal en putrefacción», explica el técnico, constatación que apunta directamente a uno de los factores que, en su opinión, más pudo favorecer la masiva eclosión de mosquitos: «Dado que las larvas se alimentan de hongos que crecen en hojas y troncos podridos, la oleada de incendios forestales del 2006 puede estar relacionada con este fenómeno, puesto que en montes como el Xiabre todavía permanece mucha madera quemada».
La devastación de las forestas arousanas a manos del fuego guardaba, por lo tanto, alguna sorpresa más, pese a haber transcurrido más de dos años desde el ataque del fuego. De todas formas, la simple abundancia de potencial alimento para los insectos en su estado larvario no explica por sí sola la fenomenal profusión de mosquitos en tiendas, negocios y viviendas de la capital arousana. «Si el verano viene relativamente húmedo, como ha sucedido este año, y a esta temporada le sigue un período de buen tiempo, como el que se dio la semana pasada, si esto se combina con la mucha madera en descomposición y todo ello coincide con el momento adecuado del ciclo vital del insecto estaríamos ante la causa más probable de esta emergencia masiva», concluye Vieira.
Tras su fase larvaria, esta clase de mosquitos tienen un período de vida muy breve. En el caso de los que visitaron Vilagarcía, apenas dos o tres días que los ejemplares aprovechan para aparearse. Por la noche buscan la luz hasta que, finalmente, la falta de una fuente de humedad próxima acaba con ellos.