La Voz de Galicia

ALGUIEN TIENE QUE DECIRLO

Opinión

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS A TORRE VIXÍA

20 May 2001. Actualizado a las 07:00 h.

Aunque va firmada por asociaciones de armadores de toda España, que hacen esta singladura al amparo de una opinión pública que siempre les es benévola, alguien tendrá que decirles que su arremetida contra el Libro Verde de la Pesca tiene resabios de la vieja escuela, y que huele como un pescado reseso... ¡en una tienda de fresco! Porque, si se habla en serio, no es de recibo que se confundan de frente y califiquen a la Unión Europea como el enemigo de la flota española; ni que, siguiendo viejas tácticas, arremetan, otra vez, contra los informes científicos que no les son favorables o que no fueron confeccionados por encargo. ¿Qué quieren? ¿Que paguemos a precio de oro los efímeros acuerdos que los marroquíes negocian y gestionan al estilo del zoco? ¿Que sigamos poniendo parches a una situación que sólo sirven para concentrar en una gran traca final todas las crisis inexorables? ¿Que no nos demos cuenta de que ciertas actividades pesqueras ya empiezan a costarnos mucho dinero en vez de producir riqueza? Desde que tengo memoria política, siempre he convivido con costosos planes de reconversión y modernización pesquera que, lejos de desterrar las crisis estructurales, siempre han servido para producir enormes beneficios coyunturales. Y desde que analizo esa sucesión de crisis encadenadas, siempre he visto como se mezclan, con astucia infinita, los componentes económicos y antropológicos del problema -nuestra vocación marinera, la tradición y la tecnología pesquera, y el «¡ay Sálvora! ¡ay San Vicente!»-, para evitar hablar de lo que hay que hablar, y que incluye el enorme cambio que se ha producido en la titularidad y en las normas de explotación de los caladeros. Por eso, sintiéndolo mucho, si tengo que entregarme en manos de alguien, prefiero que tome el timón la tecnocracia europea y que, al igual que hizo en tantos otros sectores y problemas, empiece a cortar por lo sano en este asunto, pagando lo que haya que pagar, pero haciendo astillas la noria que aflora, de forma cíclica, nuestras crisis pesqueras. Alguien tendrá que recordar que la riqueza pesquera de Galicia es hoy mayor que nunca, aunque sus balances nos lleguen desposeídos de la demagogia y el sentimentalismo que tanto ayudan a perpetuar los problemas. Y todos sabemos que el futuro está en la acuicultura, el márketing, las redes de comercialización, las empresas mixtas y las nuevas tecnologías, todo eso que puede irse a otros pagos si seguimos piando por el caladero de Marruecos. Lo que proponen los armadores, si me perdonan, es agonizar amodiño. Y por eso me alegra que la Comunidad Europea haya dicho -¡por fin!- que no va a pagar más monsergas.


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