Chicho do Zorro, como se le conoce, es empresario. Fue concejal, jugador de fútbol, directivo del Bergan y bombero voluntario. El carnaval lo vive a tope
06 Feb 2010. Actualizado a las 02:00 h.
Hay quien piensa que su apodo le molesta. Al contrario: «Ás veces chaman á casa e preguntan se a de..., de...., de... ¡Si, é a do Zorro, dígolles eu! Non se atreven, pero eu estou encantado. É un apodo que lle puxeron ao meu pai porque era moi traballador e un lince para os negocios, moi bo. Del pasoume a min e eu estou orgulloso de levalo». Aclarado queda.
Chicho Porteiro lleva toda su vida unido al número 36 de la calle Gran Vía, donde está el túnel. Allí está su casa y su almacén de cereales. Hace años era más pequeña, la echa de menos. Continuó la labor de sus padres, establecidos allí, hace algo más de setenta años (su madre tiene 96), con una tienda de lo mismo, que fue creciendo, y con un bar, que ya no hay. Con él creció el negocio. Habas, trigo, patatas, piensos... De todo. Aunque lo de las habas es otro cantar. «Temos comprado e vendido millóns de quilos, o que hai hoxe non ten nada que ver co de antes». A él le tocaron mucha ferias, sobre todo Baio, Ponteceso y A Silva, ya desde niño. En los buenos tiempos, podían mover 100.000 kilos en un solo día. «Hoxe, en todo o ano non xuntamos iso». Las habas llegan ahora de fuera, «e son de peor calidade que as de aquí. A asturiana nosa era a mellor do mundo». En los meses fuertes, trabajaba noche y día. Incluso en los tiempos de la mili, iba y venía a A Coruña en su moto. En el cuartel pasaba lista y en Carballo trabajaba.
Por cierto, Chicho conserva una motocicleta del año 67, una reliquia mecánica, lo mismo que un 600 que por ahí le andará. «Gústame moito o vello, o histórico, xa dende cando estudaba. Cando imos de viaxe e hai algo interesante que ver, os demais vanse sen min, porque a min encántanme as cousas antigas», apunta.
Frente a su casa, al otro lado de la calle Gran Vía, crece un árbol que tiene más años de los que se le echan. Ya Chicho se subía a él cuando era pequeño (Chicho, no el árbol). Es probable que se trate de un madroño. Para él y su familia, es el árbol de San José, por ser ese el día en que está más florido, como anunciando la primavera. Ha estado siempre con él, así que no es extraño que lo elija para la fotografía.