Canarias
Carballo
ARA SOLIS | O |
09 Dec 2004. Actualizado a las 06:00 h.
LLEGAS AL hotel en Corralejo y el recepcionista resulta ser de Laxe. Visitas una televisión local en Puerto del Rosario y el regidor es larachés. La ingeniera técnica de aquella importante obra nació en Baio hace veintipocos años. El práctico del puerto más importante estuvo antes en Laxe. Fuerteventura ha cambiado mucho en menos de un lustro. Sí, es cierto, los albañiles, el personal de limpieza, los camareros, aún nutren la principal colonia de la Costa da Morte en la isla del viento pero, al igual que ocurre con emigrantes de otras partes de Galicia, los profesionales cualificados, o los emprendedores que montan empresas y hunden su CIF en las lavas atlánticas, también se nos van para latitudes más cálidas, en las que la xeada que estos días nos azota no se percibe ni en las neveras de los aparthoteles. Suerte que tienen. ¿Quién decía que las Islas sólo atraían mano de obra de bloque y ladrillo? ¿O quién dice que el turismo de calidad de la Costa da Morte recuperará a esos profesionales? Aquí no hay hoteles grandes, ni infraestructura, ni cultura del turismo, ni apuesta empresarial seria por ofrecerla. Allí, sí. Y la gente se nos va. He ahí la sorpresa: se quiere quedar. En aquella Suiza, sin frío, ni lluvia ni idiomas extraños.