El gobierno municipal empieza a dar muestras de agotamiento al no poder hacer frente a la sucesión de conflictos políticos y sociales
Un día son los trabajadores de la basura municipal. Otro los de la limpieza de colegios. Un tercero tiene que suspender el pleno por carecer de votos para sacar adelante un asunto supuestamente urgente que motivó su convocatoria. Este comienza a ser el día a día de la política municipal una vez que el Bloque parece sentirse a gusto en la oposición. La sucesión de conflictos a los que tiene que hacer frente el alcalde en la esfera local se suman a sus polémicas cuasi diarias con la Diputación y la Xunta y en breve plazo, cabe imaginar, con el Gobierno central amén de las tensiones internas del PSOE.
En este contexto el pleno de ayer fue una prueba más de lo difícil que se le están poniendo las cosas a Abel Caballero tras cuatro años de gestión tranquila amparado por una coalición con el Bloque. Roto el pacto, los problemas se suceden, siempre a la espera de lo que pueda ocurrir con los presupuestos, el verdadero nudo gordiano del devenir político municipal.
En la sesión de ayer Caballero sudó tinta al comprobar que la ley de Murphy también es válida en el Concello vigués. Pudo pelearse con más colectivos, pero ayer fueron dos los que enviaron a su infantería para amargarle el pleno. Y sin duda lo consiguieron.
Jubilados de la asociación Vila Galicia, de Lavadores, y la CIG, en este caso para replantear una vez más el conflicto de las limpiadoras de los colegios, protagonizaron una protesta que convirtión el pleno de noviembre en un patio de colegio en el sentido más peyorativo del término.
De nada sirvió el despliegue de agentes de la Policía Local que se limitaron a presenciar los altercados e insultos con cara de circunstancias. Su jefe, Abel Caballero, eligió dejar pasar los gritos a la espera de que el público se cansara, lo que no ocurrió.
En este ambiente de crispación social (y eso que no acudieron los trabajadores de FCC) tuvo que comprobar cómo la gestión política tampoco va mejor. De entrada, tuvo que envainársela con el asunto del pago de la sentencia urbanística. El miércoles pasado la oposición vetó el pleno y ayer, para que fuera aprobada, tuvo que aceptar las exigencias del Bloque. Después, la moción del HADO, con otra marcha atrás y, más tarde, la decisión sobre la federación vecinal.
Es posible que esta cuestión sea la más dolorosa para Caballero. A lo largo de cuatro años se ha enfrentado a dos directivas; a la primera consiguió laminarla y el relevo venía avalado por los militantes de PSOE y BNG que la integran. Pero ni así. En pocos meses hubo ruptura y ayer populares y nacionalistas le impusieron reunirse con ellos, pagarle los convenios de los últimos años e incluir el del 2012 en los presupuestos.
No es previsible que la cumpla, por lo que el conflicto seguirá latente. Lo mismo que ocurre con los carteles de Alcaldía o con los coidadores de barrio.
Y mientras tanto, la oposición ejerce de fiel de la balanza avalando a los colectivos críticos, a los que promete su apoyo para desgastar a un gobierno que no encuentra agarraderos. Hoy será Figueroa quien reciba al comité de FCC de la concesionaria de recogida de basura y limpieza viaria, algo que hizo días atrás Domínguez.
Y en medio de todo, el presupuesto de 2012. Si logra sacarlo adelante, con el Bloque, claro está, pese a todo podrá seguir al frente de la nave.
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