Aunque Iván Ferreiro pone la «marca», los hermanos estiman que funcionan como un dúo
29 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Presentar a estas alturas a Iván Ferreiro resulta cansino. Tratar de ubicarlo como exlíder de Los Piratas también está superado. Decir que su hermano pequeño es uno de sus colaboradores más importantes, lo sabe todo el que siga sus carreras. Pero ponerlos frente a frente, o codo a codo frente a la cerveza más fría de todo el Val Miñor en el bar-estanco de la Plaza de San Benito de Gondomar, es una novedad refrescante.
Iván y Amaro se llevan siete años. Cuando el primero entró en la veintena y empezó a tocar con Los Piratas, el segundo iba al colegio, aunque la música le tiró desde niño. «Cuando yo me iba, los equipos que dejaba en la habitación los usaba él», explica Iván.
«Pero por la diferencia de edad estábamos muy desconectados, además a los 18 me fui a estudiar Derecho a Salamanca», cuenta el menor. Terminó la carrera, aunque nunca ejerció. «La posibilidad de trabajar como abogado surgió al mismo tiempo que la ocasión de dedicarme a la música, y ganó la segunda», apunta. Iván también siguió la senda universitaria. Empezó tres carreras, pero no acabó ninguna.
Siempre habían barajado la posibilidad de vivir juntos una aventura sonora y surgió cuando Los Piratas se disolvieron y Amaro se encontró recién licenciado y en paro. «Ya llevaba 15 años en esto cuando empecé con él», recuerda.
Los Ferreiro, que tienen otra hermana un año menor que Iván, «aparejadora, la más lista de todos», apuntan, crecieron en Vigo, pero en los 90 se trasladaron a Playa América y actualmente están encantados de residir en el Val Miñor, uno en Gondomar y el otro, en Nigrán. «Antes era un infierno superpoblado en verano y muerto en invierno y ahora es el paraíso», aseguran.
El experimento de tapadillo Las Ferreiro, haciendo versiones vestidos de mujer, fue una etapa corta, aunque muy celebrada por los fans.
Después la cosa siguió más en serio. «Ahora trabajamos en equipo y al tiempo dominamos nuestros propios proyectos, pero cuando tocamos juntos somos como un dúo aunque figure mi nombre. Además, él hace sus discos para estar a su bola porque acaba harto de mí. Mi proyecto es más invasivo en nuestras vidas y le apetece bajarse de vez en cuando porque para él descansar es hacer su música», revela Iván.
Sus progenitores tuvieron mucho que ver con la pasión por la música de sus hijos. Su madre les donó el punto imaginativo y a la vez la constancia para entregarse en lo que creían a base de recompensas y castigos. «Seguir con mis clases de música dependía de las notas del cole», admite Iván. Su padre fue cantautor ocasional. «Con el tiempo descubrimos que solo sabía tres acordes, aunque con ellos te podían hacer cuatro horas de show. Nos transmitió la curiosidad por la cultura, es un melómano, un devorador de libros, de cine, de periódicos...», reconocen.
En el horizonte hay dos citas con los Ferreiro. Iván tocará en A Coruña el 4 de junio, y Amaro, el día 9 en la viguesa Fábrica de Chocolate con el colombiano Andrés Correa, al que recomiendan: «Iba a venir con la Caravana Americana de Xoel López y no pudo porque no le dieron el visado».
Ambos se declaran muy apasionados y comprometidos con lo que hacen. Ninguno de los dos se considera buen instrumentista y en gustos, hay un punto irreconciliable que no se discute ni se arroja como arma descalificatoria. A Iván le gustan los Bee Gees y a Amaro, los Hombres G.