Antes de que acabe este año la nueva depuradora de Vigo debería estar evitando que millones de litros sigan contaminando la ría por un deficiente tratamiento, cuando no nula depuración. El 2011 fue la fecha que dio Abel Caballero para que el complejo del Lagares fuese transformado en algo operativo de una vez, pero como con el AVE, el regidor vigués mueve las hojas del calendario según conviene, y luego, como diría el delegado del Gobierno, Miguel Cortizo, hace como el entrenador Mourinho hechándole la culpa a todos los demás cuando se hace evidente la imposibilidad de cumplir con la palabra dada. Pero el retraso que acumula la depuradora tiene en la alcaldía parte de su explicación.
Caballero se comprometió a abonar los casi 40 millones de IVA de las obras y crear una entidad con la que poder reembolsar en las arcas públicas dicho importe, ya que el Ayuntamiento como tal no lo puede deducir. Se sentó con sus técnicos y los de Acualia hace meses y a estos les dejó caer que quería que la empresa se hiciese cargo de pagar los 10 millones en los que se valoran los terrenos a expropiar para la planta, y les hizo ver la posibilidad de que en la entidad a crear tomase parte la concesionaria.
Desde entonces nunca más se volvió a saber, el expediente está congelado y la concesionaria no sabe nada de los terrenos, ni de cómo se hará con la depuradora, a la que accederá para su gestión al final precisamente de su concesión, ya que le restan cinco años y la nueva previsión establece la puesta en marcha de la planta para el 2016.
Acualia lo tiene claro, si el Concello quiere que se encargue de pagar las expropiaciones tendrá que haber una prórroga de la concesión, o permitir una notable subida de las tarifas para recuperar los fondos adelantados para los terrenos ante de que expire el contrato.
En el Concello no faltan técnicos que incluso apuestan por rescindir el contrato de Acualia, indemnizarla y poner en marcha un nuevo concurso en el que terrenos y nuevas inversiones formen parte de las condiciones de adjudicación, así como el pago del IVA de la depuradora, que luego con más razón moral y fiscal podría deducir la empresa responsable de mantener en perfecto estado las canalizaciones de la ciudad. Por que esa es otra. Los sucesivos alcaldes que en los últimos tiempos han pasado, han agotado con bastante alegría los fondos que había para mejorar las conducciones y ahora hay tan poco crédito para obras como el que el alcalde tiene a la hora de comprometerse con las fechas.