El Ministerio de Cultura ha aceptado una enmienda del Bloque Nacionalista Galego que solicitaba la inclusión, en los Presupuestos Generales del Estado, de una partida de un millón de euros para construir el centro de recepción de visitantes en el museo al aire libre de Toralla.
No es la primera vez que el Estado destina dinero a este mismo fin, aunque en la anterior ocasión el Ministerio de Agricultura no cumplió con su presupuesto y no envió el dinero. Fue por ello que no se realizase el proyecto presentado hace un año por el teniente de alcalde Santiago Domínguez.
El centro estará ubicado en el antiguo chalé de la finca de Mirambell y servirá para recibir a los visitantes y facilitarles información sobre el yacimiento romano de Toralla y también de todo el patrimonio histórico del municipio.
El centro se distribuirá, si Cultura cumple su parte y envía el dinero prometido, en dos plantas, en las que se ubicarán los servicios administrativos y un área expositiva. El edificio de recepción de visitantes tratará de contrarrestar la falta de información que hasta ahora sufrían quienes acudían al yacimiento musealizado de Toralla. El proyecto es el mismo que ya se presentó el pasado año y que tenía un plazo de realización de ocho meses.
Obras
Por otro lado, este museo al aire libre solo podrá ser visitado los jueves, previa solicitud de cita en el Museo Municipal Quiñones de León. El motivo de esta drástica reducción de horario es el inicio de las obras de mejora en los accesos al yacimiento, ubicado en la parroquia de San Miguel de Oia.
Estas obras estaban relacionadas con el proyecto de construcción del centro de visitantes y tendrían que haberse iniciado ya hace tiempo. El retraso fue debido a la espera de la entrega del dinero por parte del Ministerio de Agricultura, que finalmente no llegó.
El objetivo de estas obras, que empezarán esta misma semana y durarán hasta comienzos del año próximo, es mejorar el camino de entrada al yacimiento, demasiado expuesto a las inclemencias meteorológicas.
El yacimiento de Mirambell fue descubierto a comienzos del siglo XX por la propia familia propietaria de la finca. Su estudio científico se produjo a partir del año 2002, tras la firma de un convenio de colaboración entre el Concello de Vigo, entonces dirigido por Lois Pérez Castrillo, y la Universidade de Vigo. El arqueólogo Fermín Pérez Losada fue el encargado de dirigir la excavación en los años posteriores.