Dice que no cree que los muertos se aparezcan, «porque estoy casi todos los días en los cementerios y no me pasó nada raro». También sepultó a algunos sin gente ni flores
02 nov 2010 . Actualizado a las 12:19 h.Xulio Vázquez Decía San Agustín en honor de los muertos que «una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios». Pero el mero hecho de enterrarlos ya hace tiempo que dejó de ser una obra de misericordia. Ahora hay incluso que pasar una oposición para conseguir el puesto de enterrador en muchos cementerios. De ser un oficio difícil de cubrir, con la crisis económica, aumenta la competencia. No obstante, María Concepción Cousiño Sendín, Conchi , (41 años) sigue siendo la única sepulturera de Vigo, aunque todavía está interina en Pereiró.
-¿Le han dicho alguna vez «que Dios depare abundancia a cada uno en su oficio»?
-(Sonríe). Nunca. Llevo en esto desde el 2005, pero estuve los tres primeros años cubriendo vacaciones. Desde mayo del 2008 ya trabajé ininterrumpidamente de sepulturera interina. Nací en Vigo, aunque ahora vivo en Covelo con mi familia. -¿Cómo se le ocurrió ser sepulturera? -Fue una idea de mi marido. -¿A qué se dedica? -Es bombero. Pero también me era la oposición más cómoda de preparar, porque no necesitaba pasar pruebas físicas, ni hacer un curso de mecanografía. -¿Algún vestigio de tradición familiar? -Un primo que vino de Argentina me dijo que su padre había sido enterrador en Buenos Aires una temporada. -¿Por qué sigue de interina? -Es que yo estoy cubriendo una plaza vacante, porque quedé de segunda en la oposición y siempre tiran de la lista. -¿Recuerda alguna pregunta del examen? -Era tipo test y me preguntaron cosas relacionadas con inhumaciones y exhumaciones, restos cadavéricos y empresas funerarias. Nos pusieron 40 preguntas. En la última había más gente, sobre 38 personas. -¿Y mujeres? -Más que otras veces, aunque al práctico solo pasamos tres personas. Nos mandaron poner un placa en una sepultura, como un entierro en un nicho. -¿Lleva la cuenta de los entierros que hizo? -Fueron bastantes, pero no los cuento. Me pagan lo mismo la semana que entierro a cinco como la de uno solo, porque cobramos un sueldo a final de mes. A veces me toca preparar uno, pero luego es un compañero el que termina de enterrarlo. Otra cosa es cuando hay que echarle tierra en cima, dado que lo hacemos entre dos o tres. -¿Recuerda su debut? -Solo recuerdo que era un hombre y que estaba nerviosa. -¿Qué le dicen los amigos y familiares? -Algún amigo me tiene dicho que, cuando se muera, le gustaría que lo enterrase yo. (Risas). -¿Desea enterrar a alguien en particular? -No, no tengo predilección. Supongo que si me toca un familiar, yo estaré del otro lado. -¿Lloró en algún entierro? -No. Pero los que más lloran no siempre son quienes más sienten al muerto. Cada cual expresa los sentimientos a su manera. -¿Tuvo que consolar a alguna viuda o viudo? -No, aunque una vez fui a darle el pésame a unos conocidos. -¿Sabe si el finado era rico o pobre? -Para mí, son todos iguales a la hora de enterrarlos. Lo que ocurre es que algunos vienen con más flores y mejores féretros. -¿Los hay sin gente y sin flores?
-Sí, me tocó alguno, de gente que se muere en la calle sin familia ni hogar. Son de esos entierros de caridad. Llega el coche fúnebre con el chófer, el ataúd con el muerto dentro y nadie más, ni una flor. -¿Qué más cosas hace? -Hacemos levantamientos, ponemos las cenizas e informamos a la gente que no encuentra al familiar, incluso se lo buscamos en el libro. Todo esto es mi trabajo. No me pagan solo por enterrar. Tenemos una jornada de siete horas y cuarto al día. -¿Hay alguna época en que muere más gente? -En invierno y en verano, sobre todo de la tercera edad, cuando hay máximas temperaturas. -¿Sueña con los entierros? -No, no soy dada a darle vueltas a la cabeza. Tampoco creo en que los muertos se aparezcan, porque yo estoy casi todos los días en los cementerios y no me pasó nada raro. -¿Cree en la resurrección? -Respeto todas las creencias, pero he levantado a muchos muertos y están en los huesos. Todos acabamos hechos polvo. No creo en el más allá. Lo más importante es cuidarnos en vida. Después...