Los autores de la silla de cuatro metros del monte de Meira están sorprendidos con la repercusión de su iniciativa, que creían que no duraría «ni tres días»
25 sep 2010 . Actualizado a las 16:15 h.«Creíamos que pasaría casi desapercibida, pero la gente reaccionó de una manera que no esperábamos», dice Roberto Brañas, autor, junto a Xulio Lago, de la instalación en el monte de la Torre de Meira, para lo que contaron con la colaboración de una tercera persona, el buenense Ramón Resille, quien documentó con fotos el montaje.
Brañas asegura que su único objetivo era «estudiar la reacción que suscitaba en la gente la aparición repentina de la obra. «Creíamos que lo verían cuatro interesados y que no duraría ni tres días, pero se respetó, incluso como un objeto de culto», afirma. «Nos lo planteamos como un estudio sociocultural, ver que pasa si colocas aquí un objeto artístico. Ahora tenemos que valorar lo que pasó», añade Roberto Brañas. Dice que ni él ni Lago tenían claro si mantener o no indefinidamente el anonimato. En todo caso, no pensaban hacerlo de momento. Reivindicaron su autoría tras la intervención del gerente de una inmobiliaria, que se plantó con un cartel de su agencia ante la silla en cuestión.
El empresario dice que su intención era precisamente esa, que se diesen a conocer, para comprarles la pieza. Ellos siguen pensando que en realidad quería publicitar su negocio. Cuando vieron en una cadena de televisión al agente ante la pieza con un cartel de su inmobiliaria, se presentaron airados en la oficina y lo «felicitaron» por haber provocado que se acabase la historia, por «haber roto el romanticismo», dice Brañas.
«Nos propuso comprarla, pero nos marchamos de allí porque estábamos bastante calientes», reconoce el escultor.
Lago y Brañas habían madurado la idea durante un año entero. El material lo tenían preparado y el pasado fin de semana, al fin, subieron al monte y montaron la silla. Empezaron pasadas las doce de la noche y remataron a las 3.30 horas. Mientras Brañas y Lago montaban y anclaban la silla, Resille hacía fotos para demostrar, llegado el caso, de quien era la autoría.
Ahora se pararán a «sacar conclusiones». Reconocen que será difícil hacer algo que tenga la misma repercusión, sin descartar alguna otra intervención.
Eligieron el monte sobre el que se asentó la torre medieval de Meira por varias razones, las principales, el acceso y el hecho de que la silla se viese «desde todas partes». Brañas afirma que no anclaron la pieza sobre los cimientos de la torre, sino en tierra.
Al perder el anonimato, la historia de la silla llegó a su fin. Se acabó «la chicha que tenía», reconoce Brañas, autor de las esculturas que adornan una de las zonas verdes de la urbanización de O Real (Os páxaros) y constructor de otras diseñadas por Juan Rivas (la Lura, Os Peisses y la veleta de la Rampa de Ramona).