Doce kilos de lucha en A Franqueira

L.Míguez A CAÑIZA/LA VOZ.

A CAÑIZA

Los participantes en la romería ensayan un mes antes las danzas y la lucha entre moro y cristiano. No es para menos, el peso de las espadas requiere de entrenamiento

09 sep 2010 . Actualizado a las 12:07 h.

Cuenta la leyenda que la famosa espada del Cid, de nombre Tizona, pesaba once kilos y solo podía ser manejada por el conocido luchador. En realidad, los expertos apuntan a que el arma era una jineta árabe y no pesaba una quinta parte. Gramos a parte, lo cierto es que pasó a la historia, como también deberían de hacerlo los figurantes que participan en la romería de A Franqueira. La lucha entre el cristiano y el moro, un vecino pintarrajeado de color carbón, poco tiene de épica pero si de esforzada, ya que ambos participantes pelean con espadas de doce kilos de peso.

«Son las que se usaban tradicionalmente y no se han cambiado. Los trajes sí que son nuevos, de hace unos dos o tres años», recordó la edil de la parroquia, Helena Fernández. Tanto ella como el resto de gobierno local y muchos compañeros de las comarcas vecinas se acercaron ayer para disfrutar de este espectáculo en la tradicional cita con la Virgen.

Los numerosos ensayos de todo el mes de agosto dieron su fruto. No se escatiman horas para aprender los curiosos diálogos que plasmó en el papel Ramón Cabanillas tras visitar A Cañiza y conocer el pequeño drama. Y falta que hacen, teniendo en cuenta que la fuerza física que es necesaria para moverse con las armas no es poca.

Como recompensa a la escenificación, que no entiende de conversaciones religiosas políticamente correctas, los actores reciben el reconocimiento de los miles de fieles que se acercan cada año y el aporte económico que les reparte el cura. Lo mismo ocurre con los ocho jóvenes que participan en las danzas blancas. Cualquiera puede participar, solo tiene que ser soltero y, normalmente, menor de veinte años.

Lluvia a ratos

También resulta trascendental disponer de tiempo todas las tardes durante el mes de agosto para subirse al escenario y aprenderse los cruces y danzas para suprimir cualquier tropiezo. La experiencia gusta y muchos de ellos repiten, por lo que se convierten en asiduos de la romería.

No son los únicos que repiten, miles de personas se acercan cada año a renovar su fe por A Franqueira, que ayer demostró su buen hacer con la meteorología después de que cesara de llover solo durante la procesión. Durante el resto de la mañana los romeros se las tuvieron que ver con los paraguas, nada que no tuviera remedio entrando en alguno de los muchos puestos que ofrecían suculenta comida y cuantiosa bebida a lo largo de todo el pueblo.