La suerte de Jacobo Piñeiro dependerá de un tribunal popular formado por nueve ciudadanos sin conocimientos de Derecho que, tras oír a todas las versiones, deliberarán y decidirán si es culpable o inocente de dos delitos de asesinatos, un incendio y un robo. Se enfrenta a 65 años de cárcel.
El jurado definitivo será elegido el mismo día del juicio. Los abogados y el fiscal harán una criba entre los candidatos admitidos y les harán preguntas de todo tipo para rechazar a los que pueden tener opiniones contrarias o favorables al acusado. Este juicio aborda el asesinato de dos homosexuales, por lo que los letrados o el fiscal querrán recusar a aquellos que muestren excesivas simpatías hacia este colectivo o prejuicios en contra. Alguien que esté muy informado del caso también será eliminado porque ya tendrá una opinión formada antes del juicio. En una selección anterior, un candidato contestó que como jurado «viviré una gran experiencia». Quedó descartado por afán de protagonismo. Salen elegidos aquellos candidatos que parecen poco interesados por el caso y que, se supone, serán más neutrales.
Nueve personas formarán el jurado y otros dos harán de sustitutos. La jueza les instruirá y comenzará el juicio, en el que podrán preguntar. En la deliberación, dormirán en un hotel y estarán incomunicados.