«Cada valle tiene su propia melodía»

La Voz VIGO/LA VOZ.

VIGO

Dice que los sonidos de la naturaleza se pueden aplicar de forma terapéutica. Un montaje suyo lo están utilizando en un quirófano de la clínica de la Sagrada Familia en Barcelona

31 may 2010 . Actualizado a las 12:36 h.

Xulio Vázquez A los catalanes les gusta mucho salir a recoger setas. Pero hay una ilerdense afincada en Cangas que lleva más de treinta años recogiendo sonidos. Desde el susurro de las olas al murmullo de los árboles. Atrapa el silbido del viento o el canto de los pájaros. Su dilatada experiencia le sirvió para certificar que cada valle tiene su propia sinfonía. Y que todos ellos, desde un amanecer primaveral a una puesta de otoño, ofrecen su específica melodía. Lo más importante es que Eva Julián Adán ha demostrado y divulgado en numerosas conferencias que los sonidos de la naturaleza tienen una aplicación terapéutica. En alguna clínica ya los están utilizando con éxito. «No se trata de que nos vayan a curar de una apendicitis. Pero pueden armonizar nuestro cuerpo y ayudarnos a superar situaciones de estrés, cansancio psicológico, insomnio, desterrar muchos miedos y aportarnos otras muchas cosas beneficiosas para nuestra salud», afirma. -¿Cuál es su especialidad? -Soy especialista en bioacústica. Es una de las modernas ciencias que se ocupa del estudio de los sonidos relacionados con los seres vivos, la naturaleza y el universo. -¿Cada lugar suena diferente? -Sí, tiene su propia estructura sonora. Y está motivado por su geología, vegetación y animales que lo habitan. Todo ese conjunto hace que tenga una acústica determinada. -¿No se escucha lo mismo en una montaña gallega que en una catalana? -Cada valle tiene su propia melodía. En un bosque de eucaliptos el viento suena muy distinto a uno de robles. Además, también puedo asegurar que los grillos cantan diferente de un lugar a otro. Esto es una primicia, aún no figura en mi página web (www.sonidoyvida.com). El ecosistema responde a las personas que hay alrededor y a su vez todos somos sensibles a las frecuencias del entorno sonoro, que también afecta al carácter grupal. Hay una interrelación. Somos una estructura armónica al igual que el universo y todo tiene una frecuencia vibratoria. Por ello nos sentimos mejor en los espacios naturales. Y nuestras emociones pueden modificarse en función de los sonidos que emite la tierra. -¿Tiene alguna aplicación para la salud? -Por supuesto. La investigación que se está haciendo en electroestimulación, con respecto al dolor, está basada en frecuencias que entran en contacto con nuestro campo físico. Las que emite la naturaleza son beneficiosas. Todo lo contrario de los ruidos que pueden irritar no solo nuestro carácter, sino incluso nuestra propia piel. -¿Pero sería imposible abandonar las ciudades? -No hace falta llegar a ese extremo. Podemos utilizar los sonidos de la naturaleza como una herramienta para modificar positivamente nuestros estados emocionales. Además es muy fácil y económico. -¿Se puede hacer un botiquín sonoro? -A eso voy. Se puede desarrollar un entorno sonoro para ayudarnos a superar el estrés, recuperar vitalidad y reequilibrar las emociones dañinas. Pero no es el sustitutivo de un fármaco. -¿Recuerda su primer trabajo? -Sí, fue sobre la memoria colectiva. Recogía patrimonio oral, concretamente canciones populares. Me sirvió para comprobar que cada anciano tenía un tono similar al de su valle. Reuní a ocho personas mayores y les puse el sonido de sus respectivos valles. Cada uno se emocionaba al escuchar el que le era propio. La respuesta que me dieron fue que les recordaba el abrazo de sus madres. Me di cuenta de que había algo en el sonido particular de cada lugar. A partir de ese momento, no paré ya de grabar. -¿Hay alguna para superar el cansancio en el trabajo? -Cuando una persona se siente abatida por el cansancio físico o psíquico, con la exposición a un entorno sonoro de similar capacidad de frecuencia que la naturaleza, en cuestión de quince minutos se puede cambiar la actitud y recuperar la vitalidad -¿Y para el miedo? -Supongamos que tenemos miedo a quedarnos sin dinero. Eso se plasmaría en nuestro estómago. Pero otros afectan al corazón o a la garganta. Todos corresponden a centros energéticos, que vibran a una frecuencia determinada. Por ejemplo, un sonido junto al mar en la primavera, con un tipo de aves, es beneficioso para reequilibrar el corazón. Tengo uno de la playa de Nerga (una bajada de marea) que apacigua los estados de ira y enfado. Otro de un atardecer de otoño sirve para conciliar mejor el sueño. Este lo grabé en un valle de Portugal. -¿Otras aplicaciones? -Sí. En la clínica de la Sagrada Familia de Barcelona están utilizando un montaje sonoro mío en el quirófano para operaciones de próstata y riñón en urología con anestesia epidural. Ayuda al paciente a que no tenga miedo y se relaje, y al médico a concentrarse. -¿Qué proyectos tiene? -Estoy trabajando con sonidos que puedan ayudar a niños con deficiencias mentales y en la orientación temporal con personas mayores en residencias. En ambos colaboro con la Universidad de Barcelona y Zaragoza, respectivamente. También estoy intercambiando información con investigadores de Estados Unidos, porque ellos han visto que hay sonidos de la naturaleza que inciden directamente en los traumas y en el crecimiento o en la reducción de los tumores. Está todo en fase de observación. Ellos están ensayando con sonidos de abejas.