Dice que pueden interpretar a Beethoven o Mozart, pero que, con sus instrumentos, no harían canciones de los Beatles, ni techno, como los grupos que actúan en las verbenas
19 abr 2010 . Actualizado a las 11:45 h.Xulio Vázquez En su casa ya existía un instrumento antes de que él anduviese a gatas. Su madre fue pianista. Incluso lo tocaba con su hijo en el regazo. Esa imagen de los dedos acariciando suavemente unos grandes dientes de nácar forma parte de la infancia de Manuel Martínez Álvarez-Nava. (Oviedo, 1957). La música penetraba en su existencia cuando los sentidos se le abrían a la vida. Y no le hizo oídos sordos. Realizó una brillante carrera. Estudió violín y viola en el Conservatorio Superior de Asturias. Fue discípulo del maestro Alfonso Ordieres Rivero. Posteriormente, amplió sus estudios de viola con Enrique de Santiago. El maestro Jacques Bodmer le enseñó dirección de orquesta. También fue profesor violista de la Orquesta Sinfónica de Asturias Ángel Muñiz Toca. Fundador, solista y concertino de la Orquesta Universitaria de Oviedo, de la que fue profesor adjunto. Desde el curso 1983-84 es catedrático de violín en el Conservatorio Superior de Música de Vigo y director de la Orquesta Clásica desde su creación en 1984. -¿Por qué se fue con su música a otra parte, de tierras asturianas a Galicia? -Dejé la Sinfonía de Asturias porque ocurrieron una serie de vicisitudes que me hicieron cambiar de tercio. Había un plaza de profesor de violín en el Conservatorio Superior de Música de Vigo, oposité a ella, y aquí sigo, haciendo además otras cosas, como dirección artística. -¿Cómo se le ocurrió formar la orquesta? -Porque no había ninguna en el conservatorio. Yo trabajaba como profesor de violín, pero tampoco había enseñanza de viola, por lo que también comencé a impartir clases en esta especialidad. Y empezamos a hacer orquesta con lo que disponíamos: un grupo de alumnos de violín de grados elementales. Los dos únicos violonchelos eran eran guitarristas reconvertidos. Así echamos a andar hace 26 años. -¿Hay gran diferencia entre la interpretación y la dirección musical? -Depende. Si alguien toca en el atril de la orquesta como una mera pieza, un ejecutante, a lo mejor le importa un bledo lo que está haciendo y solo pone las piedras de la música. Pero, si además eres intérprete, la diferencia es muy pequeña. Lo mismo sucede en una película. El director es el que organiza toda la historia, pero el actor no debe perder nunca su capacidad de interpretar, sino sería mero comparsa. -¿A cuántos músicos suele dirigir? -En condiciones normales puedo tener a más de medio centenar. En diciembre hicimos la Novena Sinfonía de Beethoven y había más de ochenta cantando en el coro y otros tantos músicos tocando en la orquesta. -¿Y cómo se daría cuenta si el 76 desafina? -Es la experiencia. Lo mismo que un pintor se daría cuenta de que un trazo no está bien. Soy como un médico con el fonendo, sé quién desafina en una orquesta. Todo es cuestión de educar el oído. Además, cuando era joven también fui afinador de pianos y maestro luthier. Sé hacer instrumentos. -¿Le ayudó tener un piano en casa en su infancia? -Fue muy importante para mí. Debería haber uno en todos los hogares. -¿Hay gran contraste entre una orquesta clásica y las que tocan en las verbenas? -Aunque hay diferencias, tienen muchas cosas en común. Se podría extrapolar al fútbol. Lo que ocurre es que los grandes clubes fichan a los mejores. Una orquesta es un instrumento con el que se puede interpretar música. Puede ser uno órgano, un piano... O un instrumento compuesto por un montón de instrumentos con un montón de personas. Todos participan del juego, pero cada uno tiene una función, con alguien que los coordina. Lo que ocurre es que tocamos otro tipo de música, que se denomina sinfónica, mientras que esas otras orquestas hacen música de baile. Nosotros podemos interpretar a Beethoven. Pero, con nuestros instrumentos, no haríamos canciones de los Beatles, ni techno. Nuestra formación clásica quiere decir que tiene la cuerda toda: violines, violas, violonchelos y contrabajos. El viento a dos: dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y timbal. No es una orquesta romántica, ni barroca. Aunque podemos hacer ópera o zarzuela. También hemos tocado música de Bruckner. Lo que hace falta es afinar al grupo, como cuando se afina un piano. -¿La próxima actuación? -El 2 de mayo, a las 20.30, en Caixanova, en el 250 aniversario de Mozart.