«En mi país usé ibremente el velo, pero luego decidí dejarlo»

Xulio Vázquez

VIGO

Vino a Vigo para trabajar en el servicio doméstico, lo mismo que había hecho en Melilla, pero ahora se pasó a la hostelería

14 abr 2010 . Actualizado a las 15:21 h.

Desde muy joven ya tuvo que buscarse la vida. Nada más terminar la escuela primaria se puso a trabajar. Aicha Akridi (25 años) nació en Nador (Marruecos). Pero su primer empleo lo desarrolló en Melilla. Iba y venía caminando, porque ambas ciudades están muy próximas. «Estuve durante cinco años cuidando a tres niños de una familia española. Solo tenía que cruzar la frontera y ya estaba allí», afirma.

«Había contrabando, porque de Melilla hacia Nador pasaban zapatos y de todo. La gente se llevaba muy bien. Aquí hay más racismo que allí. Porque convivimos sin problemas españoles, marroquíes, argelinos, hindúes e incluso judíos en una ciudad más pequeña que Vigo», cuenta.

Ahora está a punto de cumplir los tres primeros años de su estancia en Vigo. «Vine aquí, tras apuntarme en una lista que había en una oficina en Nador, con una oferta para cuarenta chicas marroquíes que deseasen emigrar a España para trabajar en el servicio doméstico. Solo nos exigían saber algo de español y a mí me favoreció todo ese tiempo que estuve en Melilla. Era como una especie de beca, aunque no veníamos a estudiar, sino a desempeñar un empleo. Estábamos obligadas a ejercerlo por el período de un año y a mí me correspondió una familia viguesa», argumenta.

Cuando estaba con la familia melillense hubo un tiempo en que se quedó interna. «Me pagaban sobre 400 euros al mes y estuve unos cinco años», señala.

Salto a la hostelería

Sin embargo, en Vigo no aguantó ni el primer año en el servicio doméstico. «Tenía que ocuparme también de tres niños, pero la madre era otra niña más, por lo que a los siete meses decidí buscar otro empleo. Me pagaban 570 euros y estaba interna», explica.

Pronto la contrataron en la cafetería del Hospital Xeral. «Tenía bastante trabajo, pero solo eran ocho horas y me pagaban más que antes. Pero solo pude estar un año porque, si pasaba más tiempo, me tenían que hacer un contrato fijo. Ahora llevo unos meses en otra cafetería y charcutería que se llama Maná», manifiesta.

Aicha pertenece a una familia numerosa. «Somos un equipo de fútbol», bromea. Y no le falta razón, porque son 8 hermanos y tres hermanas. Sus padres murieron.

De las vivencias que tuvo en Melilla, dice que se sentía como en Europa, pero con el problema de que no podía viajar, porque no disponía de un visado. «Un hermano mío estuvo quince años en España, incluso pasó seis meses conmigo en Vigo, pero me dijo que estaba muy lejos de su tierra y que aquí hacía mucho frío, por lo que decidió marcharse», afirma.

Al preguntarle si veía muchas diferencias culturales entre Marruecos y España, dijo que las más notables son las religiosas. «Aquí son más reservados con los extranjeros. A mí me confunden con una rumana e incluso me preguntan si soy paraguaya, porque no se me nota en el acento que procedo del norte de África», comenta. «En mi país usé libremente el velo durante cerca de un año, pero luego decidí dejarlo. Era muy joven. Lo llevé para experimentar que se sentía con él puesto. Pero, con el calor era incómodo, y decidí que no iba conmigo. Eso se lleva en el alma», añade.

Hizo algunos cursillos de formación en Vigo y también fue a una escuela de adultos para perfeccionar el castellano. «No he tenido problema alguna de integración, además pertenezco a la Asociación Multicultural de Mujeres, que está luchando para todos los extranjeros se sientan a gusto en Vigo», dice.