La jugada de la presidenta portuaria pilló al regidor «distraído» en su batalla antifusión de las cajas
VIGO CIUDAD
Posiblemente nunca un alcalde de Vigo ha convocado en solitario una manifestación ciudadana, especialmente teniendo en contra a la mayoría de la corporación. Esta circunstancia, con toda seguridad, no fue ajena al momento elegido por Corina Porro para iniciar las obras de una megafuente que sabía que le iban a paralizar.
Aunque en el Concello existía orden de que se vigilara la nave de cableros para evitar una sorpresa, el derribo se inició sin que lo detectara el gobierno municipal hasta pasadas unas horas. Fue un tiempo precioso en el que las excavadoras pudieron trabajar a placer hundiendo la gran nave de 4.000 metros cuadrados.
Pero si Porro actuó contando con el factor sorpresa de una mañana de sábado y con un alcalde dedicado a tiempo completo a su manifestación, lo cierto es que la reacción fue inmediata. Esa misma mañana Caballero, Mariño y otros miembros del gobierno municipal decidieron que la orden de paralización debía ser inmediata. Pero claro, no es algo sencillo de organizar con la Gerencia de Urbanismo cerrada a cal y canto.
Pese a ello el documento se redactó y fue entregado por la tarde a la empresa, que lo recibió, y a la policía portuaria, que se negó a recogerlo. Indiferente a la vigilancia municipal, los trabajos prosiguieron ese día, el domingo y parte de la mañana del lunes, hasta que Porro decidió que era llegado el momento de mandar frenar.
En estas horas ambos escenificaron que cualquier enfrentamiento anterior entre un presidente del Puerto y un alcalde no es nada comparado con lo que ahora se está viviendo. Y, presumiblemente, con lo que habrá que ver en los próximos quince meses.