«Le hice una corona a la Virgen con medio kilo de oro donado en joyas»

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Dice que antes solía hacer un reloj cada quince días y que muchos feriantes también le encargaban pulseras del preciado metal similares a las mallas de la correa de una moto

25 ene 2010 . Actualizado a las 12:42 h.

Xulio Vázquez Lleva más de media vida acariciando metales nobles. Por sus manos pasaron infinidad de joyas. De ser el oro pegajoso, las tendría completamente doradas, como si se bañase en él. De fundirlo todo, hubiese obtenido lingotes más gordos que los que sortea la Cruz Roja. Pero Francisco Vidal Riveiro (45 años) está relacionado con el oro o la plata en la misma medida que le sucede al herrero con el hierro. Es su materia de trabajo. Realiza una labor artística que se denomina orfebrería. -¿Quién le enseñó el oficio de orfebre? -Empecé de casualidad y fue en el taller del maestro orfebre Ángel Marcuño. Tendría sobre veinte años. Entré a trabajar porque me gustaba mucho el dibujo. Era para hacer esmaltes al fuego, pero acabé introduciéndome en joyería. -¿Durante cuánto tiempo? -Entre tres o cuatro años, pero suficientes para que fuese aprendiendo lo más básico, porque esta es una profesión en la que te vas superando cada día. -¿Se requieren algunas cualidades especiales? -Es preciso tener un buen pulso, mucha templanza. Porque se trabaja con piezas muy pequeñas y el tratamiento que se le da al oro es a base de fuego, por lo que se pueden estropear las piezas con suma facilidad. Se necesita tiempo y paciencia. -¿Cuántas joyas habrán pasado por sus manos? -Muchas, ni las cuento. Pero hice de todo. -¿Algún encargo para iglesias? -Sí. Recuerdo una en especial que me encargó una joyería de Arcade. Fue una de las piezas más artísticas que realicé. Se trataba de una corona para la Virgen de una parroquia. Utilicé medio kilo de oro que obtuve de fundir las numerosas joyas (anillos, cadenas, medallas...) que habían donado los feligreses Son de esas cosas que me gusta hacer, porque partía de cero y tuve que ensamblar 450 piezas distintas. También hice un báculo en plata para un santo de una iglesia de Cangas. Y una chapa de plata, con las figuras de Jesucristo y San Pedro, además de unas barcas que llevaba en la punta un pendón de la iglesia de Bouzas. -¿Y de esmaltes al fuego? -Uno sobre la terminal del aeropuerto de Peinador, de unos 20 centímetros por 10. Me lo habían encargado los empleados cuando se fue el anterior director. Figuraban dos aviones sobre la pista de aterrizaje. -¿Alguna curiosidad? -Sí, unas conchitas en plata para bautizos que me encargó el jefe de prensa del Obispado.

-¿Atiende también a particulares o solo a joyerías?

-Trabajamos más para las joyerías. Sobre todo con piezas nuevas. Nos dan las piedras y nos facilitan el diseño, para que les montemos los anillos y otras joyas. En este momento nos traen muchas medallas esotéricas. -¿Quedan muchos orfebres? -Cada vez menos, porque es una profesión que requiere muchas horas de trabajo, pero nadie se hace millonario. -¿No pueden sisar algún oro? -(Risas). Hay que pesarlo. -¿Qué cosas le traen los particulares? -De todo: pulseras, anillos... -¿Es oro todo lo que reluce? -(Sonríe). Más de uno ya se ha llevado un buen chasco, porque creía que tenía oro blanco de su abuela y resultó ser una baratija. -¿Resulta más barato encargarle a usted una sortija que comprarla en una joyería? -Por supuesto. Lo mismo que sucede al comprarle las patatas directamente al cosechero. En nuestro caso pueden ahorrarse hasta un 20% en el precio. -¿Se ha hecho algo en oro para usted? -No. Me sucede como en la casa del herrero... Nada, ni cadena, ni anillo. Me gusta verlo en los demás. Quizá me haya aburrido de tanto tocarlo. -¿Se nota la crisis? -Sí, porque ahora los particulares encargan menos cosas. Antes hacíamos un reloj de oro cada quince días, pero hoy es muy raro que nos lo pidan. También hice muchas pulseras de oro para feriantes y una imitando la malla de la cadena de una moto. -¿Compran y venden oro? -Sí. Pero en este momento se han estabilizado las ventas. -¿Qué tipo de piezas le suelen vender? -El 80% de los clientes lo hacen porque están en apuros económicos. Y nos traen de todo, incluso dentaduras de familiares fallecidos. También es curioso que algunas mujeres recién divorciadas nos vendan alianzas y pulseras, porque dicen que no quieren tener recuerdo alguno de su ex.