«Gano más en Vigo de cocinera que de maestra en mi país»

Xulio Vázquez

VIGO

Llegó en plena crisis, pero con un puesto de trabajo que le consiguió una hermana

19 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

No es que pasase hambre como se decía de los maestros en España en el siglo XIX. Pero Yuberki Medrano Pérez (28 años) solo percibía unos 11.000 pesos dominicanos por impartir clases en dos colegios de Santo Domingo. Ese sueldo de apenas 200 euros ha conseguido multiplicarlo casi por cinco. Fue el motivo de que emprendiese el camino de la emigración, aunque impulsada por una hermana que ya se le había adelantado. «Gano más en Vigo de cocinera que de maestra en mi país», afirma sonriente.

Ya llevaba cinco años ejerciendo de maestra, tras realizar su carrera en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Además, le gustaba su profesión. «Daba clases a alumnos de básica hasta cuarto. Tenía unos 30 alumnos en el aula, entre niños y niñas. Estaba entregada por completo a la enseñanza, porque me cautivaban. Ya podía tener cualquier problema que, al empezar el curso, me olvidaba. Los alumnos me contagiaban su alegría», argumenta.

Dice que trabajaba en dos tipos de colegios, uno de nivel alto y el otro mucho más bajo, al que acudían los hijos de la gente pobre.

Tuvo que incluso pedir un pequeño préstamo para poder realizar el viaje a Vigo, porque no le alcanzaban los ahorros que tenía. «Me gasté sobre 600 euros en el pasaje de avión, desde Santo Domingo a Madrid y luego hasta aquí», señala.

Pero no vino a ciegas, ni a la aventura. Una hermana que también trabaja en la hostelería, como camarera en una cafetería, ya la estaba esperando en Vigo con los brazos abiertos y con un contrato para ella, porque le buscó un trabajo como primera ayudante de cocina en el restaurante La Pedrera, en el número 5 de la primera travesía Santiago de Vigo. «De no ser así, y con la crisis, no hubiese venido. De todos modos, me lo pensé bastante, aunque ya llevo aquí ocho meses y me encuentro a gusto», afirma.

Pertenece a una familia de siete hermanos (cuatro son mujeres). Ella tiene un hijo de once años de una relación anterior y lo ha dejado con los abuelos.

Refiriéndose a su nueva faceta como cocinera, dice que tuvo que ponerse al día en los fogones. «Sabía cocinar, pero no es lo mismo la gastronomía de mi país que la española, por lo que precisé de algunos cursillos que me dio la empresa y puse mucha atención, por lo que aprendí más pronto, dado que lo requería mi situación. Pero también me enseñaron a decorar los platos», manifiesta.