La constructora Roelju inició el pasado lunes los trabajos de movimiento de tierras de la primera fase de la urbanización limitada por el cementerio municipal, el centro de salud, la trasera de la calle del Sol y la calle San Xosé, en donde está previsto construir cerca de 250 viviendas en edificios de bajo, cuatro plantas y ático en la zona norte, la más próxima al cementerio, y de una planta menos en la zona sur.
El ámbito de actuación tiene una superficie de 32.194 metros. Quedará pendiente para una segunda fase el desarrollo de un segundo polígono, en que limita con la trasera de la calle del Sol, en donde está previsto un sólo bloque de viviendas de los once proyectados en total. Varios propietarios presentaron recursos contenciosos contra el proyecto. El propio concejal de Urbanismo cuestiona la ordenación y presentó también un recurso tras no llegar a un acuerdo con la promotora.
La empresa que tiene la mayoría del terreno es Ponte do Río Bouzós, una promotora constituida por tres empresas de Cangas, Arquitectura y Hábitat, Construcciones Rodeiriña y Contratas y Comercio. Cuenta con el 80% de la superficie. El resto es de pequeños propietarios. En medio de la urbanización quedarán en pie tres viviendas unifamiliares existentes.
Movimiento de tierras
Uno de los principales problemas que se encuentra la constructora es buscarle un destino a la tierra excavada. El responsable de Roelju, Francisco Fraga, calcula que el volumen rondará los 80.000 metros cúbicos. El precio habitual está en unos 6 euros el metro, si se lleva la tierra a un lugar próximo, un precio que podría duplicarse en el caso de no encontrar un vertedero en las inmediaciones.
La empresa inició las obras porque se le presentó la oportunidad de llevar la tierra a la urbanización de Domaio. Fraga considera que es uno de los problemas más importantes al que se enfrenta, con la consecución de financiación. El constructor no descarta, si el problema de vertidos se complica más, suprimir los garajes bajo los edificios.