«Solo falta mi quinto hijo para tener aquí a toda la familia»

Xulio Vázquez

VIGO

En Ecuador hacía jornadas de doce horas con un tráiler para una empresa petrolera

23 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Manejaba un tráiler con maquinaria pesada para abrir caminos, sorteando incluso barrancos en la geografía ecuatoriana, donde hacía sus prospecciones una empresa petrolera extranjera. Juan Aguilera Romero (61 años) es natural de Quito. Ahora conduce una carretilla eléctrica transportadora para llevar la pota desde el tanque de tratamiento hasta la nave de fabricación. Su trayecto más largo no excede los 30 metros del pasillo de la empresa viguesa de alimentación Procsa, que se dedica a las comidas precocinadas. Su producto estrella son los calamares a la romana. Este inmigrante lleva en Vigo ocho años y ya tiene aquí a casi toda su familia. En el tiempo que le queda libre también ayuda a su esposa en un puesto de vendedora ambulante que tiene en la playa de Samil.

«Trabajaba en Shushufindi, que está en la zona central de Ecuador, a unas ocho horas en coche de Quito. Estuve ahí viviendo durante siete años. Mi jornada conduciendo el tráiler duraba doce horas. Llevaba tractores y otro tipo de maquinaria. También utilizaba volquetes para sacar arena de los ríos y escombros de los montes, según se iban haciendo las carreteras. Alternaba una semana de noche y otra de día. Era duro y no pasaba de los 200 o 300 dólares al mes, que me pagaba una compañía americana», explica.

Resulta que tenía un contrato por tres años y una vez que le terminó probó suerte en la emigración. «Primero emigró mi esposa y luego me reclamó a mí. Pero solo falta que venga mi quinto hijo para tener aquí a toda la familia», afirma. Curiosamente, el hijo que tiene en Ecuador trabaja con un tráiler. «Quiere venir a Vigo para poder estar cerca de nosotros, porque somos su única familia, pero no ha podido arreglar los papales. Incluso disponía de un contrato de trabajo, sin embargo, se lo han rechazado. Estoy deseando que nos podamos reunir en Vigo. Vive en Santo Domingo de los Colorados, a dos horas de Quito.

Una de las hijas de Juan Aguilera estudia y otra se dedica al servicio doméstico. La tercera se casó aquí hace muy poco con un vigués. Y el cuarto hijo tiene un puesto de venta en Samil.

Aguilera estuvo tres años trabajando eventualmente en el Puerto vigués. Luego pasó a su actual empresa, donde dice sentirse muy a gusto. «Hago una jornada de ocho horas. Cuando no transporto los palés con la carretilla eléctrica, ayudo en la cinta transformadora y en el embalaje de los alimentos», argumenta.

Los fines de semana tiene por costumbre acudir a la playa de Samil para echarle una mano a su esposa en el puesto ambulante. Vende ropa de verano. «Tenemos faldas playeras, blusas, vestidos... También disponemos de toallas, pashminas y bikinis», manifiesta. Las compran al por mayor y las ofrecen por suelto, además, a módicos precios. «Una falda se puede adquirir por 8 euros. Hay cosas muy baratas, pero alguna gente se retrae por la crisis», señala.