La paciencia que le falta a muchos, se la ha quedado Jose Ramón Alonso. Pese a llevar sin trabajo desde febrero, se toma con filosofía su situación. «Sé que soy un parado más entre tres millones. Hay mucha gente que está peor», recuerda este joven de 38 años, sin cargas familiares. El sueño que inició hace tres años cuando entró a trabajar en Propansa, una firma de cementos y otros productos para la construcción, se desvaneció cuando aflojó el tirón del ladrillo. Ante la falta de productividad, los últimos en llegar fueron los primeros y tocó irse a la calle. «En Ponteareas todo era pequeño comercio y construcción, así que ahora nota mucho la crisis. No hay polígono, así que está complicado para mi y para toda la gente que conozco», reconoce con calma. Mientras busca una alternativa en cualquier área, ya trabajó también en el sector del automóvil, y piensa en aumentar su formación o en montar su propio negocio.